Escritores y fumadores
Antes se podía fumar arriba de los aviones. No fue hace mucho tiempo. Es más, en los aviones todavía hay asientos donde el cenicero está a la mano: hambriento de cenizas, preparado por si levantan la restricción.
Antes, no hace mucho, todo era diferente. De pronto, esa luz de “no fumar” se apagaba y entonces uno sí podía fumar y sacaba el cigarrillo aparatosamente. Venía entonces la primera bocanada de humo, mirando por la ventanilla, con la ciudad allá abajo, dejando todo atrás mientras uno estaba en las nubes, en una nube de tabaco que hacía un juego perfecto con el vuelo.
No sólo alcancé a fumar arriba de los aviones. Me hice un fumador serio y responsable en un vuelo de avión. Tenía poco más de 20 años, el viaje iba a durar 14 horas, y me pareció un buen momento para comprar mi primer paquete de cigarrillos. Pedí asiento en sector fumadores, y abroché mi cinturón de seguridad.
Rápidamente, en ese viaje entendí que el sector fumadores era una farsa. Los que realmente estábamos ahí, soportando lo bueno y lo malo del lugar, éramos pocos. Los más ilusos. La mayoría de los fumadores, astutos ellos, viajaba en la zona libre de humo.
Recuerdo especialmente el caso de dos amigas, mujeres mayores, sentadas en la segunda fila del avión, pero que ahora estaban junto a mí, en la penúltima. Eran mujeres con peinados elegantes que olían a plástico. Con una ansiedad terminal, las dos se tragaron un par de cigarrillos en pocos minutos y a medio metro de mi oreja. Como si fuera poco, mientras fumaban me decían que las disculpara, que ya se iban de ahí, que esperaban no molestar, que ellas tenían asientos adelante porque les molestaba el humo, que el humo se les podía quedar en la ropa, en el pelo, que el humo se les podía quedar para siempre, pero que, sin embargo, les gustaba tanto fumar que para la próxima vez se sentarían en sector fumadores, pero que ahora no.
Cada vez me cruzo con más escritores que son como esas dos viejas peinadas con fijador: fumadores que viven libres de humo. Novelistas que el fin de semana hablan de dar la vida por la escritura, de los riesgos por ser escritor, de cómo se han jugado por hacer verdadera literatura. Tipos que citan y ponen de ejemplo y se equiparan a autores célebres -y ahora muertos- por haber convivido con el humo. Nuevos escritores convertidos en verdaderas viejas fumadoras que después de tirarnos en la cara el humo de su gran compromiso con las letras, vuelven a su sector no-fumadores: en el caso de ellos, su sector libre de humo son las universidades, los departamentos comunicaciones de las grandes empresas, los cargos públicos y los lobbys privados.
Puestos donde no llega el humo, ideales para estar lejos de todas las dificultades que significa ser escritor.
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Comentarios en Escritores y fumadores
Comentarios ( 7 )
Diego Ríos
05/11/09
Maestro, chingón por ese texto… tienes toda la razón!
Estaría chido que te aventaras uno sobre los compas que están dejando de chupar y poniéndose a dieta como todos unos metrosexuales!
Jajaja.
Un abrazo
Ana
12/11/09
excelente analogía que renueva el espíritu del periodista..
que sigan lo éxitos maestro..
saludos desde argentina
marcelo
12/11/09
Tremendo final! Es una máxima…lamentablemente cada vez se hacen más los fumadores que dejan el humo y se resguardan a salvo en sus sensatos refugios. como siempre, JP, un maestro. los últimos dos párrafos debieran ser de lectura obligatoria para varios colegas
Fernando
19/11/09
Fuera de la excelente analogía…
Lamento la condición de los fumadores, ahora perseguidos por todos y dificiles de reconocer, extraño otros días cuando los fumadores andabamos libremente sin restricciones… ¿que días aquellos no?
Carlos Santillán
02/12/09
Lo que mencionas no sólo vale para los escritores de ese tipo, sino también para muchos periodistas (incluso los que están en los medios y viven en cenas con sus fuentes y reciben regalos de ellos). Demasiados profitan hoy de la imagen de sacrificio, mientras disfrutan de un buen vino con una blackberry en la mano, twitteando que están en París o dan una charla en algún sitio de moda.
Paro
13/12/09
Caballero, La analogía está excelente!
Por eso yo no fumo…
Saludos…
Carmen
30/12/09
Conozco escritores libres de humo aunque no den clases en la universidad y escriban best-sellers. Con mucho humo (y universidad) está Nabokov, da clases de 41 a 59 (escribe “Lolita”, entre otras). Philip Roth, hasta 1991 -años con humo, publica seis novelas-, Saul Bellow 30 años en la Universidad de Chicago. No sigo porque la lista de los con humo en universidades es muy larga. El humo falta en cualquier parte.
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