Un útero artificial
En la vida hay siempre cosas que uno no espera. A eso algunos lo llaman futuro; otros destino. En 1978 nació Louise Brown, la primera niña concebida por inseminación artificial. Ése parecía el límite al que se podía llegar y era demasiado lejos. Hoy nos anuncian que la frontera se desplaza y que en el horizonte nos espera lo inimaginable: la especie humana podría reproducirse fuera del cuerpo de las mujeres. Esto es lo que propone la inquietante lectura de El útero artificial, un libro que desde el título revela el punto de partida y de llegada de la teoría de su autor, un médico y biólogo francés que tiene 74 años, Henri Atlan. Según él, los géneros masculino y femenino ya no serán lo que hoy son.
El gran biólogo británico John Haldane, que inventó el concepto de ectogénesis en 1923, recordaba que el mito del Minotauro, el niño monstruoso nacido de los amores entre Pasifae y un toro, ya lo preveía. El arquitecto Dédalo, al construir un artilugio para que Pasifae calmase sus deseos, logró, según el científico inglés Haldane, un éxito en genética experimental que la posteridad nunca ha igualado. Haldane era amigo de Aldous Huxley, y la ectogénesis es la técnica utilizada en Un mundo feliz, la novela que reactualiza el mito y los peligros de un condicionamiento biológico, social y político. En Un mundo feliz no se cuestiona tanto la ectogénesis como la fabricación de individuos adoctrinados desde la incubadora. En la actualidad, estas tecnologías pueden contribuir a exacerbar un hedonismo egoísta, al tratar de manipular tanto el propio cuerpo como el de los demás, todo esto con el trasfondo de una competición y de un economicismo salvaje. Pero también pueden dar a las mujeres, y a los hombres, una existencia más agradable, exenta de varias formas de fetichismo, liberarlos de antiguos miedos físicos, reforzar nuestras posibilidades de amor, de bienestar y de solidaridad.
¿Pueden el embarazo y la maternidad ser asimilados a una máquina? ¿Es el útero artificial la continuación lógica de la separación entre sexualidad y reproducción? ¿La cada vez mayor mecanización del mundo no crea una ciencia inhumana? ¿Se producirán seres emocionalmente incapaces de afección? ¿La mujer ya no será la creadora de la vida humana? Todas estas preguntas sin duda asedian a Atlan, y así como cada fábula tiene su apólogo, esta perspectiva resulta aterradora para quienes ven la llegada de una madre-máquina y la creación del abominable mundo de los hombres Alfa, Beta y Gamma de Huxley. Pero a su vez hay quienes imaginan en el útero artificial una bendición y un notable avance asociado al final del parto con dolor y a la igualdad entre hombres y mujeres ante la procreación.





