Publicado el 14/10/09 a las 9:55 am

Un útero artificial

En la vida hay siempre cosas que uno no espera. A eso algunos lo llaman futuro; otros destino. En 1978 nació Louise Brown, la primera niña concebida por inseminación artificial. Ése parecía el límite al que se podía llegar y era demasiado lejos. Hoy nos anuncian que la frontera se desplaza y que en el horizonte nos espera lo inimaginable: la especie humana podría reproducirse fuera del cuerpo de las mujeres. Esto es lo que propone la inquietante lectura de El útero artificial,  un libro que desde el título revela el punto de partida y de llegada de la teoría de su autor, un médico y biólogo francés que tiene 74 años, Henri Atlan. Según él, los géneros masculino y femenino ya no serán lo que hoy son.

El gran biólogo británico John Haldane, que inventó el concepto de ectogénesis en 1923, recordaba que el mito del Minotauro, el niño monstruoso nacido de los amores entre Pasifae y un toro, ya lo preveía. El arquitecto Dédalo, al construir un artilugio para que Pasifae calmase sus deseos, logró, según el científico inglés Haldane, un éxito en genética experimental que la posteridad nunca ha igualado. Haldane era amigo de Aldous Huxley, y la ectogénesis es la técnica utilizada en Un mundo feliz, la novela que reactualiza el mito y los peligros de un condicionamiento biológico, social y político. En Un mundo feliz no se cuestiona tanto la ectogénesis como la fabricación de individuos adoctrinados desde la incubadora. En la actualidad, estas tecnologías pueden contribuir a exacerbar un hedonismo egoísta, al tratar de manipular tanto el propio cuerpo como el de los demás, todo esto con el trasfondo de una competición y de un economicismo salvaje. Pero también pueden dar a las mujeres, y a los hombres, una existencia más agradable, exenta de varias formas de fetichismo, liberarlos de antiguos miedos físicos, reforzar nuestras posibilidades de amor, de bienestar y de solidaridad.

¿Pueden el embarazo y la maternidad ser asimilados a una máquina? ¿Es el útero artificial la continuación lógica de la separación entre sexualidad y reproducción? ¿La cada vez mayor mecanización del mundo no crea una ciencia inhumana? ¿Se producirán seres emocionalmente incapaces de afección? ¿La mujer ya no será la creadora de la vida humana? Todas estas preguntas sin duda asedian a Atlan, y así como cada fábula tiene su apólogo, esta perspectiva resulta aterradora para quienes ven la llegada de una madre-máquina y la creación del abominable mundo de los hombres Alfa, Beta y Gamma de Huxley. Pero a su vez hay quienes imaginan en el útero artificial una bendición y un notable avance asociado al final del parto con dolor y a la igualdad entre hombres y mujeres ante la procreación.

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Publicado el 02/09/09 a las 3:12 pm

El profeta verde

Renewable Energy Sources
Los cínicos créen que la ecología es sólo una  moda fofa. El argumento con que algunos freaks deciden rompernos la paciencia y cargarnos de culpa. A todos ellos, a aquellos a quienes la palabra “ecología” o “naturaleza” les resultan términos ingenuos, sin demasiado interés,  les recomiendo ir al encuentro de Pierre Rabhi. El hombre más coherente que conocí en mi vida.  Un trayecto sinuoso, en pendiente, como escapado de un mundo al que creíamos desaparecido, conduce a la granja de Montchamp en la Cevennes francesa. El terreno rocoso se extiende hasta un dominio aislado, donde se encuentra una casa,  hoy dotada de  agua y electricidad , pero que cuarenta años atrás fue habitada por los mismos dueños y  sus cinco hijos en condiciones mucho menos confortables. Es el hogar de Pierre Rabhi, un hombre de estatura pequeña y rostro surcado por el sol.  Se trata de la misma persona que desde hace tiempo recorre el mundo para recordarnos que nuestros recursos no son inagotables,  señalar  el malestar que genera la sociedad de hiperconsumo y proponer soluciones.

Rabhi nació en 1938 cerca de Bechar a la sombra del oasis de Kenadsa en el sur de Argelia. Fue moldeado por las dificultades del desierto y  supo,  desde pequeño, que el calor puede ser  agobiante y el agua, un milagro.  Su madre muere cuando el tiene 4 años.  Su padre, herrero, músico y poeta se vuelve a casar y, por necesidad, lo da en adopción a una pareja de franceses (maestra e ingeniero) que trabajaban en Argelia . De origen musulmán, se convertirá al catolicismo, y durante la guerra de Algeria se instalará en Paris. Trabajará en una empresa ubicada en los suburbios  como obrero especializado y rápidamente comprenderá el sinsentido de dedicarse toda una vida a producir una riqueza de la que él no podrá beneficiarse. “Jamás suscribí a esta idea de la productividad, del siempre más y más. Me dí cuenta que la sociedad no se organiza para que la gente tenga trabajo sino para que el producto bruto interno aumente. Es un mundo en el que lo humano resulta secundario en relación a la economía”

Pero su apuesta  es aún  más abarcadora:   se trata de hacer comprender que  nuestro destino está unido al de la tierra de una manera irrevocable, lo que nos debería obligar a un gran cambio de mentalidad.  Pionero del movimiento conocido como descrecimiento económico nos recuerda que el crecimiento material infinito sobre un planeta de recursos limitados es imposible . Y da números: hacen falta 3 toneladas de petróleo para fabricar un tonelada de abono químico, son necesarias de 10 a 15 calorías de energía para producir una caloría alimenticia,  se consumen  10  proteínas vegetales para obtenir 1 proteína animal y  10 kilos de cereales para producir un kilo de maíz. Estas ecuaciones hacen del modo de producción agrícola moderno uno de los más costosos de la histoira. Ante esta realidad, Rabhi propone producir y consumir localmente creando estructuras a escala humana que permitirían no sólo la protección y el cuidado de nuestro medio ambiente, sino también la creación de un tejido social más unido y acogedor.

Pierre Rabhi es sobre todo un gran humanista y también un hombre de acción que consigue  lo que emprende ya que su vida está moldeada por  realizaciones concretas. Es consciente de que la solución no es aislarse del mundo sino  estar presentes , activos y preguntarse qué es lo necesario para construir una ética social que respete la vida y la paz. Así es como  en el ‘94  creará la asociación Terre & Humanisme (Tierra & Humanismo) , un centro de formación donde investigadores, estudiantes y pequeños agricultores vienen a iniciarse a este amor por la tierra. Reconocida de interés general en 1999 esta asociación  asegura los programas internacionales y  tiene por objetivo la promoción de técnicas agrícolas dentro de una perspectiva de seguridad alimenticia .  Con una gran creatividad, lanza luego el concepto de “Oasis en tous lieux” (oasis en todas partes), nombre simbólico que se le da  en el medio rural a centros experimentales  de encuentro e intercambio  de proyectos agrícolas colectivos, siempre dentro de un marco  ecológico y solidario. Rabhi es ante todo una persona coherente y honesta, que cree en la defensa de la tierra que nos alimenta. Dueño de una espiritualidad  universal y sobre todo concreta,  hoy le urge ir por lo que falta: consciencia. O, lo que es lo mismo, un ineludible llamado a la acción.

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Publicado el 06/08/09 a las 5:49 am

Marsella, la indómita

Todo lo que sabía antes de conocerla resultó falso. Me habían dicho que era centro de la mafia, del tráfico de drogas. Una ciudad fría, sucia, hostil, peligrosa. Recuerdo a una estudiante que conocí hace unos años y cuya definición no se me olvida: “Marsella no es Francia”, dijo entonces  Y sin embago, Marsella es una de las ciudades más fascinantes y cosmopolitas de este país. Sí, es también una ciudad portuaria con sus viejos edificios ennegrecidos por el hollín, el tizne de los muros, los periódicos mojados en las alcantarillas y los envases arrugados en el suelo. Pero es, ante todo, una costa que se distingue por la belleza de sus célebres calanques, por el buen humor de su gente, por la mezcla de su población. Marsella,  ubicada en el límite sur de la Provenza francesa, es una puerta de entrada y salida hacia África y el Medio Oriente

Y aquí viven Gari, Tatou, Lux y Jali, los que están desde el principio en el grupo Massilia Sound System que se completa con un baterista, un guitarrista y un DJ, de permanencia variable.Hace más de veinte años, escuchando como Bob Marley cantaba en dialecto jamaiquino, decidieron que harían lo mismo pero en occitán (dialecto del sur de Francia). El apego a su folklore es una declinación jamaiquina del rap. Esta idea completamente festiva de transformar la calle en discoteca ambulante -lo que se dice un sound system- y de mezclar el ragga, el trash, el polka, el vals, Bizet y las canciones provenzales. Massilia Sound System, evoca a través de su musica,  el mejor modo de vivir su ciudad y su vida.

Aquí un recorrido virtual de la ciudad con música de Massilia

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Publicado el 20/07/09 a las 3:23 pm

De paseo por Avignon

Festival d'Avignon_60

La gripe A no ha acabado conmigo en Buenos Aires y llegué intacta a Francia. Por ahora, el calor sofocante del verano la mantiene lejos y aprovecho para pasear sin esa fobia  a la multitud, que casi arruina mis vacaciones porteñas.

Mi primer salida aquí fue a Avignon. Para llegar al centro de la ciudad amurallada de Avignon hay que atravesar la puerta conocida como La Ligne. Ya adentro y frente al Hotel de Ville (ayuntamiento) , una chica de pelo azul y ralo hacía equilibrio sobre un cubo mientras sostenía una antorcha con la boca  a la vez que tocaba un acordeón. Una vez finalizada su rutina de no más de diez minutos, fue el turno de un hombre con un  teclado. Tocaba una de esas canciones empalagosas de la que no recuerdo el nombre, pero cuya melodía tarareábamos todos. Una de esas melodias cursis que todos odian pero  se conocen de memoria el estribillo. El tipo que la tocaba era un hombre mayor,  pelado, llevaba un moño rojo brillante; y como estaba sentada a un costado de su piano, me sonrió como quien pide aliento. Luego fue el turno de un grupo de bailarines, chicos jovenes que realizaban una  pantomima que creaba la ilusión de que es posible  desplazarse  sin tocar el suelo. Eran breakers callejeros que giraban como trompos con una facilidad que a mí me costaría sangre.

Durante el mes de julio, las calles de Avignon se convierten  en improvisados teatros en los que actuan mimos, saltimbanquis, cómicos, músicos, jongleros y otras especies sin identificación, mientras esperan las monedas de algún caminante. Se trata del festival de teatro más importante del mundo. Es lo que se  dice. Más de mil espectáculos en el OFF -salas teatrales montadas en restaurantes, escuelas, patios, asociaciones, iglesias- y en el  IN -la selección oficial producida en salas más tradicionales. Estas últimas vendrían a ser  las obras “que hay que ver” y nunca veo. Es que siempre me doy un paseo con mi marido y mi hija (vivimos a pocos kilómetros) y es ella la única homenajeada con algún espectáculo infantil. Luego nos dedicamos a caminar por sus callecitas, verdaderas vitrinas repletas de afiches, o por el gigantesco Palacio Papal  inmenso y vacío testigo de la Edad Media, cuando la ciudad se volvió célebre como sede del poder de la iglesia católica. O nos detenemos en alguna de las hermosas  brasseries que bordean la rue des Teinturiers.

Fue un buen día. Al anochecer volví a pasar por el escenario reservado a las tropas callejeras, montado frente al ayuntamiento de la ciudad. Allí estaba aún el viejo del teclado, fumaba mientras esperaba nuevamente su momento. Es que ahora era el turno de unos japoneses salidos de un manga. Sólo  alcancé a ver que se movían como si arrastraran algo pesado. Quizás vuelvan el año que viene.

Yo vuelvo seguro

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Publicado el 22/06/09 a las 9:05 pm

Volver a casa

Estoy en Buenos Aires desde hace una semana, y el domingo que viene hay elecciones legislativas. Desde entonces vivo entre el odio y el amor que despierta la pareja presidencial de este país. Mi familia, mis amigos, los vecinos, los amigos de amigos, los taxistas, todos se definen según estén a favor o en contra de los Kirchner (la presidenta es Cristina, su marido es el ex presidente Néstor,  pero todos se refieren a ellos en plural).

Hay dos grupos: los que los odian, se inflan el torax, olvidan toda forma de amabilidad politica y  escupen insultos sin siquiera esperar aprobación. No les importa. El otro grupo incluye a aquellos que explican: “Y que querés? Lo otro es peor”.

Y en el medio estoy yo, un poco argentina, un poco extranjera. Alguien que viene de ese primer mundo donde “esto no pasa”, “allá es diferente”, “viste que locura que es ésto!”, “Francia es otra cosa”, “vos tenés suerte de estar allá y no en este quilombo”. Y así, casi sin darme cuenta, afirmo con la cabeza, digo “pero claro que no!”, “Francia es muy diferente” y me voy convenciendo de que soy una afortunada.  

También voy a votar. Tal vez como un modo de  recordar las bondades de volver a casa.

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Publicado el 11/06/09 a las 4:08 am

Underground

El subte puede encerrar  talentos inesperados.  Bajo tierra, al atravesar ese gigante  entramado de lineas de subte que recorre la ciudad de París, se pueden ver a tipos con dreadlocks a lo Bob Marley, dúos de violinistas,  latinoamericanos entonando una baguala, grupos de salsa,  de jazz y hasta conjuntos de música klezmer.  Gracias a ellos, el calor, el hacinamiento y el hedor del metro parisino resultan menos sofocantes. Pero hace muy pocos días me enteré de que su presencia no obedece sólo a su deseo (o necesidad) de ganar algo de dinero. No pueden acomodarse en un rincón húmedo, iluminado por lamparas blancas e interrumpir con alguna melodía  el sonido tenaz y homogéneo de los trenes, tan sólo porque se les da la gana. 

Todos estos músicos que uno encuentra cada vez que viaja en metro en París, deben pasar un verdadero casting. Esta selección obligatoria sucede dos veces al año en el popular barrio de la Bastilla, donde la empresa de subtes francesa les da luz verde para actuar. Un agente melómano tuvo esta idea en 1997 y desde entonces, junto a profesionales del universo musical,  audiciona en el sótano a unos mil artistas de los que seleccionará sólo trescientos. El criterio: la diversidad de estilos y la calidad. 

Cada uno de los músicos elegido firma un contrato de seis meses para tocar en los pasillos del metro, que tal vez les sacará luego del anonimato. Algunos artistas se han hecho famosos de este modo, aunque la mayoría pasa de largo. La mitología gala subterránea, cuenta que por sus pasadizos pasaron figuras célebres como Michel Polnareff, Alain Souchon o Jacques Higelin. Ayer, por ejemplo,  un joven con look gótico y de un blanco fantasmal, ha pasado de tocar en el metro a ser el ganador de un programa llamado Nouvelle Star, la versión francesa del popular Pop Idol. 

 Ya son varios los que se han dado cuenta de que no se debe desperdiciar un público de casi tres millones de pasajeros por día. Así, viajar en metro puede convertirse en un paseo estimulante e inesperado. Como en el Underground de Kusturica.

Acá el vídeo del talentoso músico senegalés, Cherif Mbwa, descubierto entre los túneles del submundo parisino.

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Publicado el 29/05/09 a las 1:54 pm

Final

Finalizó el salón del libro de Montpellier.

Rafael Chirbes me trató de oficial del ejército.

Juan Bonilla de estricta celadora.

Carmen Posadas me felicitó por mi organización.

Fernando Savater no aceptó ir a ninguna comida ni encuentro protocolar.

Eduardo Mendoza hizo una breve escapada para comprarse una camiseta porque se moría de calor. 

Ramón Chao -“soy el papá de Manu”, repetía a todos- me mostró sus dieciseis tatuajes, uno por cada libro.

Carme Riera contó que su agente,  Carmen Balcells, le dijo alguna vez que ella se había equivocado al escribir en catalán. “Hubieras vendido muchos más libros de haberlos escrito en castellano”, la reprendió.

Le transmití aquel sabio consejo a Xavier Güal, joven escritor catalán. Pero no creo que me vaya a escuchar. Claro, no soy Carmen Balcells.

Paco Roca no dejó de firmar ejemplares de sus historietas.

Durante la cena de gala pude asistir al reclamo de Gille Cohen-Solal, esposo de la editora Eloïse d’Ormesson por la supervivencia de las librerías independientes. Más de cuatroscientas personas presenciaron su enojo por la desaparición de  la literatura  entre las fauces de los grandes supermercados del libro.

Bueno, lo he pasado muy bien y tengo una lista de libros que me espera. 

Estoy casi acabando  El Estadio de Mármol, los extraordinarios cuentos de Juan Bonilla. 

El único detalle, es que no pude presenciar casi ningún encuentro. 

Aunque, tal vez, lo más atractivo haya sido todo lo demás.

 

Para festejar este feliz desenlace, un video de Arielle Dombasle,  la indescriptible  esposa del filósofo-estrella Bernard Henri-Levy.

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Publicado el 20/05/09 a las 1:21 pm

Comédie du livre

comédie du livre de Montpellier

Mañana comienza en Montpellier la Comédie du Livre. Es el segundo salón literario de Francia, luego del de  París. Este año está dedicado a España y vendrán los escritores Fernando Savater, Jorge Semprún,  Rafael Chirbes, Carmen Posadas, Carme Riera, Eduardo Mendoza, Ramón Chao (el papá de Manu), Xavier Güal y Juan Bonilla. Otros han anulado a último momento.

Yo estoy encargada de la relación con los escritores españoles. He preparado sus viajes, sus encuentros, sus entrevistas y comidas. Mañana es el día D, el día en que los tendré cara a cara, sin correo electrónico ni teléfono movil de por medio. 

Jamás había participado de la organización de un evento, ni siquiera de uno pequeño. Conocí el inagotable estrés de la producción televisiva, los contratiempos  de una redacción, la urgencia de un cierre, los desencuentros del trabajo free lance y a distancia.  Pero ésto no se parece a nada de todo aquello. Durante un evento de envergadura, todo -absolutamente todo-parece montado sobre telgopor. O sea, un capricho, un inconveniente, una anulación y el gigante se desmorona y hay que volver a empezar. 

Pero de entre las satisfacciones que comporta la ocasión  de vivir, desde el otro lado del mostrador, un acontecimiento  como el que se inicia mañana, quizá el más placentero, sea el de observar que esa construcción a veces tan endeble de la que uno participó, logra sostenerse.

!Eso espero!

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Publicado el 07/05/09 a las 4:11 am

Aprender a desobedecer

Xavier Renou es un mercenario de la protesta civil. Sus acciones son diversas: perturbar el paso de la flama olímpica durante las olimpíadas de Pekín, bloquear las calles de Estrasburgo durante la cumbre de la OTAN, desplegar  una banderola para impedir la instalación de una central nuclear,arrojar pintura a la cara de un hombre político, apropiarse de un parking para transformarlo en un jardín público, irrumpir en las oficinas de un poderoso fondo de inversiones u organizar un  picnic contestario en los supermercados, son algunos ejemplos. En tiempos de crisis, adios a las peticiones y bienvenidos sean los profesionales de la protesta new age y no violenta. El perfil de estos nuevos militantes antiglobalización incluye a clowns activistas, pintores, fotógrafos, empleados , estudiantes y todo indignado con ganas de patalear. 

Es que rebotando de crisis en crisis, lo mejor es estar preparado. Es lo que entendió rápidamente Xavier Renou, adepto de la desobediencia civil. Como es alguien pragmático, él cree que un hombre preparado vale por dos y decidió proponer a todo el espectro militante cursos de “formation à l’action”. Se trata de enseñar técnicas para defenderse de la represión y aprender a resistir. Renou es un pedagogo gentil  que enseña  cómo ocupar un espacio de manera pacífica, cómo atarse a un árbol, clavar un cartel en lo alto de un rascacielos, organizar una sentada, no ceder a la provocación de la policía  o  manejar la relación con los medios. Todo esto a 50 euros por persona. Renou no es un marginal alienado e idealista. Es diplomado de la prestigiosa escuela de Ciencias Politicas de París quien, luego de pasar por Greenpeace donde fue responsable del sector de la lucha contra el nuclear militar, creó una asociación y se convirtió en un conocido coach de la insurrección. El desobediente tipo debe estar contra el poder nuclear, a favor de Palestina, contra la guerra en Afganistan, por la legalización de los inmigrantes clandestinos, contra los pesticidas, por la utilización de agrocarburantes, contra la publicidad. Ahora, el problema no son las causas, sino su despliegue como un objeto más de consumo. La nueva guerrilla tiene su propia boutique on line donde ofrece stickers , pins, remeras , tarjetas postales y hasta una guía titulada Guerrilla kit.

Me pregunto si estos cursos de desobediencia civil no implican, justamente, la muerte de la desobediencia. ¿Se puede enseñar a desobedecer? ¿Es posible querer bloquear una calle de una manera eficaz y, a la vez, mostrar y explicar cómo se hace en un sitio internet? ¿Se puede ser un “desobediente”, como otros son panaderos o podólogos? No es que desconfíe del compromiso de estos desobedientes por las causas que defienden. Pero hacer un curso para aprender a desobedecer es como vestirse de guerrillero para unirse a un circo ambulante. No hay peligro.


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Publicado el 26/04/09 a las 10:19 am

Ser francés

Francia se ha convertido en un país obsesionado por su identidad. Por aquí circulan preguntas como “¿qué es ser francés?”, “¿es haber nacido en este país?”. “¿es hablar francés?” ,“¿es querer volverse francés?”. A esto se suma un debate sobre la pertinencia o no de realizar un sondeo demográfico donde se haría referencia al origen étnico de los habitantes . Algunos lo consideran un sacrilegio, un ataque a su cultura ancestral. Otros créen que ya es hora de enfrentar la realidad de la discriminación. “Por qué”-parecen preguntarse- “no nos dejan en paz  con nuestros quesos y  vinos y baguettes y aperitivos y nuestra república democrática y laica?” . Pero no, en Francia (por temor y tal vez con algo de razón) se huye del  multiculturalismo como de la peste. 

Pero yo , que tengo la doble nacionalidad francesa y argentina ¿qué soy?  A veces, a solas,  me cuesta imaginarme como francesa, y hasta me resulta raro definirme sólo como argentina.  Emigrar es un poco eso, flirtear con el nuevo país sin terminar de instalarse del todo. Al mismo tiempo, luego de tantos años en Francia ¿podría volver a la Argentina? ¿regresaría al mismo país? ¿al paisaje que dejé? ¿compartiría idénticas charlas y salidas con mis amigos? Como Francia, quizás yo también esté aferrándome a un mundo que ya no existe. Junto a los franceses tal vez deba repetir, como escribió Rimbaud, “je est un autre” (yo es otro).

Pero hay quienes lo tienen aun más complicado que un  inmigrante confundido. Se trata del  racismo solapado y canalla que padecen   franceses nacidos en Francia, hijos o nietos de inmigrantes, a quienes muchos no dejan de lanzarles a  la cara, como un latigazo,  la siguiente pregunta: “Y tú ¿de dónde eres?“. Una asociacion decidió contestar con humor. Yo, en cambio, no he encontrado ninguna respuesta todavía.

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