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Etiqueta Negra

SOY EL MÁS GRANDE,
SOY EL MÁS HERMOSO

El escultor de bicicletas

Una ciclista visita en Holanda a un diseñador de interiores que
fabrica con las manos un modelo que todos se detienen a mirar.
¿Qué hace diferente a una bicicleta en un país donde todos tienen una?

Un capricho de Susana Montesinos
Fotos de Vanhulsteijn

Bicicleta

Herman Van Hulsteijn no sabe preparar café pero ha hecho la bicicleta más sexy del mundo. Es una mañana de marzo de 2011 y al pie de la vitrina de su estudio-tienda en Arnhem, hay una bicicleta que acaba de crear. Tuvo que mudarse a este lugar – a media hora en tren desde Ámsterdam– porque en su taller ya no caben más bicicletas. En un país de grandes escaparates que marcha sobre dos ruedas, Van Hulsteijn no es otro mercader de bicicletas.  Es un diseñador de interiores de grandes ojos azules y un copete rubio al estilo de Tintín que tiene en el hombro derecho el tatuaje de una calavera con los ojos negros y la frase Deathor Glory.

Para él la bicicleta es una extremidad. Nunca usa el automóvil como otros treintañeros de su edad. Anda en sus dos ruedas como con sus piernas. Siempre se dedicó al pedaleo. Se recuerda a sí mismo de niño aprendiendo a montar en bicicleta en Apeldoorn, un pueblo holandés donde este año se celebra el mundial de ciclismo en pista. Pedaleaba con sus padres desde su casa a la tienda y a visitar a su abuela. Esa mañana entra a su estudio-tienda con un café entre las manos y me ofrece un café frío con leche en polvo que no se disuelve. Detrás de la vitrina del estudio-tienda exhibe otros dos modelos de pasarela que ha construido pieza a pieza con sus brazos.
Las bicicletas que Van Hulsteijn diseña son un acertijo visual. Parece que en lugar de estar ante un vehículo de metal, uno se encontrara frente a una escultura sobre la cual se puede viajar. Tienen un marco delicado de fierros delgados perfectamente pulidos y ruedas finas como las de carreras. En el estudio-taller hay una color pálido cielo, otra rojo burdel y una negro Rolls Royce a medio armar. A primera vista sorprende que entre el sillín y la rueda trasera no haya más que un vacío. Y al frente un par de curvas. Las llantas recuerdan a las bicicletas de antaño, con una rueda delantera grande y otra trasera ligeramente más pequeña, como las que utilizaban los tatarabuelos. Las revistas de viajes holandesas la han bautizado Cyclone. Estos días, cuando los habitantes de Ámsterdam se topan con ellas en la calle, las observan y se preguntan de dónde salió esta bicicleta.

Van Hulsteijn admite que no le interesa ni el Tour de France ni la Vuelta de España ni el Giro de Italia. Piensa que las bicicletas sirven para el amor y la felicidad. Tal vez tiene razón: una encuesta de Gallup en 2010 encontró que el ochenta y seis por ciento de los holandeses dicen ser felices

Las paredes del taller de Herman Van Hulsteijn son tan blancas como la piel de su dueño. Allí hay un par de sillas de madera con patas de curvas perfectas que él mismo creó. Pone discos de vinilo como música de fondo. Hoy suena un Jimmy Hendrix clásico, de una época demasiado antigua como para que se trate de una elección nostálgica. Van Hulstejin nació cinco años después de que Hendrix muriera, en 1976. Él bebe un café humeante pero el mío está frío. Es un creador distraído. El diseñador de ciclones parece preocuparse más por el ángulo exacto del marco de sus creaciones que por la temperatura del café que ofrece a sus visitas. Entre nosotros flota la música de Ezy Rider, una de las pocas que conozco de Hendrix, tal vez porque me recuerda a la película de Dennis Hopper sobre la aventura de dos amigos en sus motos por las carreteras de Estados Unidos. Pero esto es Holanda, un país donde hay más bicicletas que personas. Según el instituto de estadística nacional, aquí hay dieciocho millones de bicis y sólo dieciséis millones de habitantes. Los holandeses son los europeos que más dinero invierten en ellas. El comprador medio puede gastarse varios miles de euros en una joyita. Se trata de gente de todos los estatus sociales, desde un carpintero hasta un ministro de Estado. También los Príncipes de Orange suelen ser vistos en los bosques de Wassenaar, cerca de La Haya, dándose un paseo con sus tres hijas pequeñas. Holanda es un país plano, ideal para andar en bicicleta. Aquí los semáforos tienen el ícono de una bicicleta, los vehículos les dan trato preferencial y el país está conectado por ciclopistas para andarlo en las dos ruedas. Mientras en París y Londres se implementan sistemas urbanos de alquiler de bicicletas para mejorar el tráfico y el medio ambiente, en Ámsterdam las consideraciones son más bien estéticas. A Van Hulsteijn le sorprende que le pregunten si ve a su bicicleta como una mujer. Pero mientras Hendrix canta acerca de un tipo que viaja por la autopista del deseo, Van Hulsteijn responde que sí, que sus bicicletas son mujeres de hierro con ruedas en lugar de piernas. El diseñador de bicis fashion fabrica pieza por pieza una de las revoluciones de su tiempo.


En el 2011 una bicicleta venció a un auto –el Fiat bicilíndrico– en un concurso británico de diseño. Pero la ganadora –la Boris Bike– no había nacido para una competencia de belleza: era la respuesta del alcalde de Londres, Boris Johnson, al problema de tráfico de la ciudad. Desde el 2008 los habitantes de esa ciudad pueden alquilar bicicletas para desplazarse en el centro sin usar buses ni taxis. Quienes se dedican a repensar el concepto de ciudad y de transformar las arterias de las capitales europeas no sólo discuten asuntos de ambientalismo o de transporte alternativo. Pareciera que también se empeñaran en hacer que las bicicletas dominen el panorama urbano del continente. Mientras tanto, en Latinoamérica ya se han empezado a organizar marchas callejeras en que los ciclistas reclaman más ciclo vías y derechos. Le piden al gobierno que mejore las leyes y a los conductores que los respeten. Hay bicicleteadas nudistas (y otras más tímidas) en las principales avenidas de Ciudad de México, Lima y Buenos Aires. Los organizadores son vanguardistas que quieren cambiar los prejuicios sobre el ciclismo urbano, pues en los países en desarrollo andar motorizado es un símbolo de progreso económico. En Ámsterdam, en cambio,  cuando miles de holandeses acuden a votar en bicicletas no es una protesta, sólo una costumbre. La bicicleta es al mismo tiempo, y en distintos puntos del planeta, necesidad, militancia y moda.