EL FESTIVAL Y DESFILE «¿Qué tan Berkeley puedes ser?» –una actividad que los organizadores etiquetan con orgullo como «parte pregunta, parte reto y todo celebración»– cumple un aniversario en setiembre de cada año. Berkelianos de toda clase marchan por la avenida Telegraph. Siguiendo la tradición, algunos de los presentes van desnudos, muchos disfrazados y casi todos se manifiestan de una manera u otra. Es, después de todo, una gran parte de lo que significa ser «Berkeley»: todos pueden expresarse.
Pero es probable que nadie en esa ciudad universitaria y liberal de los Estados Unidos haya hecho jamás una manifestación más reveladora que la de Andrew Martinez. Como estudiante de California a comienzos de los noventa, se hizo famoso en todo el país como el Hombre desnudo. Con sólo quitarse la ropa y resolviendo sus asuntos de esa manera, pareció que se convertía en la encarnación misma de los aspectos más radicales del espíritu berkeliano: una pregunta, un reto y una celebración, todo en uno. En el proceso, también puso a prueba la idea de Berkeley como un bastión de la tolerancia.
Al principio, tanto la universidad como la ciudad actuaron como padres benevolentes y fueron tolerantes con Martinez y su «activismo nudista» (el término que él prefería usar para nombrar lo que hacía). Durante todo un semestre se le permitió asistir desnudo a clases, y a pesar de que fue arrestado por trotar sin ropa cerca de los dormitorios, los cargos fueron retirados después de que el fiscal estableciera que el nudismo sin conducta lasciva no violaba ninguna ley. Sólo cuando unas estudiantes se quejaron del estado de desnudez del Hombre desnudo la universidad impuso una norma que prohibía explícitamente el nudismo dentro del campus. Al final, Martinez fue expulsado después de aparecer desnudo ante la junta disciplinaria. Siete meses después, la ciudad siguió el ejemplo de la universidad al promulgar una ley contra el nudismo. Ocurrió en julio de 1993. Martínez fue la primera persona arrestada bajo esa ley. Apareció desnudo en la municipalidad como medida de protesta y fue sentenciado a dos años de libertad condicional.
A través de ello, la fama del Hombre desnudo se disparó. Parecía que de la noche a la mañana se había convertido en emisario de facto de Berzerkeley, aquella república ficticia donde, al menos en el imaginario popular, todo puede suceder. La gente que no era capaz de localizar la Bahía de San Francisco en el mapa sí se había enterado de las andanzas del Hombre desnudo a través de la CNN, y lo veían en los talk shows diurnos, sentado con la entrepierna borrosa y respondiendo con calma a las preguntas mientras el público se reía o quedaba boquiabierto.
No había duda de que el «éxito» del Hombre desnudo se debió en parte a su look. Alto, de tez oscura y con el físico apropiado para un estudio artístico en bronce o mármol, él puede ser la única persona que ha aparecido tanto en Playgirl como en Playboy. Aun así, su atractivo iba más allá de la piel. A decir de todos, Martinez era carismático y gentil. Incluso en los estudios de televisión, bajo el resplandor de los reflectores, se mostraba extraordinariamente calmado y natural. Era encantador porque no emanaba la mala vibra que uno esperaría de un hombre que se pasea por el campus sin nada más que una mochila y un par de chancletas.
¿Por qué lo hacía? Las respuestas que él daba no eran totalmente satisfactorias. A veces lo explicaba en términos sólo sensuales: se sentía bien sin ropa. Otras veces luchaba por formular un fundamento político que justificase sus actos. La política de Martinez era, en el mejor de los casos, vaga: una disensión pobremente articulada de «la sociedad occidental» y «los valores de la clase media». Aunque sus ideas políticas parecían una retórica garabateada de la rebelión juvenil, también probaban ser autosostenibles. En una ocasión le dijo a un entrevistador: «Si no fuese por la política, es probable que yo dejaría de hacerlo debido al dolor de cabeza que significa ser un gran espectáculo: oír a la gente decir “¡Dios mío, está desnudo!” y tener a la policía encima todo el tiempo en realidad no justifica el pequeño placer de exponer mi cuerpo».
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Me parece que Martinez buscaba algo mas que el figuretismo, pues la persona que rompe esquemas convencionales y se enfrenta a una sociedad qu lo ve como bicho raro, esta detras de otras ganancias, nada se hace por gusto.
” Era encantador porque no emanaba la mala vibra que uno esperaría de un hombre que se pasea por el campus sin nada más que una mochila y un par de chancletas.”
Pero que gilipollez es esta???? ¿Porque un ser humano desnudo va a transmitir mala vibra? ¿Path Joseph es tonto, esta mal traducido el artículo o que?
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