Magaly Solier duerme. Hoy es su cumpleaños número veintitrés y durante toda la semana no ha dejado de dar entrevistas en radio y televisión: ahora el estrés la despeina y el vaivén del automóvil la adormece. La luz de la tarde en Lima hace más nítida su inmovilidad, permitiendo a un ojo fisgón detenerse en sus rasgos: la nariz espigadísima, los hoyos profundos en las mejillas, las cejas angulosas. Sus ásperas manos están cerradas con fuerza –una fuerza rara para alguien que dormita– y en el dedo índice derecho hay puesta una diminuta caja amarilla de chicles Adams, a modo de dedal. Magaly suele mascar unos siete chicles al día y esos chicles se transforman en globitos que revientan con suave insolencia en sus labios, ploc, ploc, ploc, para volver luego a su boca cerrada y al final, cuando ya no tienen dulce, terminar su vida útil en cualquier parte, en cualquier tacho o esquina o pared clandestina (Solier mira a otra parte, nerviosa), porque ella suele darse cuenta muy tarde que sigue con el chicle en la boca, cuando ya está a punto de entrar a un set de televisión o a una cabina de radio, esos recintos pequeñitos –como pabellones para cuyes– que pueblan su agenda desde que es famosa. A Magaly Solier le gustan también los chicles de fresa rojos y gruesos y unos caramelos de limón rellenos de líquido efervescente. En la calle, siempre andará surtida de chicles. Cuando está en casa, en cambio, prefiere chacchar hojas de coca frente a su Macbook.
Dice que le ayuda componer sus canciones.
Magaly Solier entonó una canción en quechua en Berlín, el 14 de febrero del 2009, luego de que la película La Teta Asustada, que ella protagonizó con una actuación espléndida, resultara ganadora del ansiado Oso de Oro en el festival alemán, uno de los más importantes del planeta. El equipo de producción del filme, encabezado por la directora Claudia Llosa, subió al estrado. Solier respiró tres veces y abrió los labios. Fue un canto trémulo y nervioso, el canto de una mujer que gana algo demasiado grande como para limitarse al simple acto de recibirlo. Su rostro feliz dio la vuelta al mundo, su jubiloso grito de «gracias» fue usado luego para una campaña comercial del banco más poderoso del Perú, y nadie olvidará, por muchos años, esos ojos llorosos quebradizos, el cerquillo lacio –natural y sofisticado–, el maquillaje tenue y, sobre todo, las palabras en quechua, un dulce idioma prehispánico que en las ciudades más desarrolladas del Perú ha ido desapareciendo por culpa de los apuros de un progreso que no admite atavismos. Los días que siguieron a la premiación, Magaly Solier contestó decenas de entrevistas en hoteles de Alemania y España y se acostumbró a ser una pequeña celebridad. Luego ganó el premio como mejor actriz en el Festival de Guadalajara, por la misma película. Aviones y más aviones. Hoteles. Un mes más tarde, volvió al Perú para presentar y promocionar el disco que había estado trabajando silenciosamente. La invitaron a Cannes por su papel en otro filme que había sido seleccionado para el festival francés. Recibió la noticia en medio de las presentaciones semanales como cantante en un impecable pub de Miraflores, el barrio donde están los locales de entretenimiento más cotizados de Lima. Voló a Francia y pisó alfombras. Vio a Penélope Cruz («tenía como seis guardaespaldas»). Descansó poco. Sonrió mucho. Atendió a demasiados periodistas.
Volvió a Lima y el famoso intérprete uruguayo Jorge Drexler la invitó a cantar con él, a dúo, en el concierto que ofreció en la capital peruana. «Magaly tiene una de las voces más lindas del mundo», dijo a la prensa, que tomó nota. Titulares. Más titulares. Drexler también pidió conversar a solas con ella después del concierto (echó a todos del backstage), algo que puso nerviosa a Solier, una mujer con una conciencia muy intransigente del espacio vital íntimo, sobre todo cuando quien invade ese espacio es un varón. Hasta hace un año, ella era sólo una buena actriz que ya había cosechado elogios y notoriedad en los herméticos escaparates de la crítica cinematográfica por la película Madeinusa (los círculos intelectuales son siempre burbujas), pero aún permanecía bajo el paraguas protector del anonimato masivo. Todo cambió después del éxito de La teta asustada. De pronto, Solier se ha visto en la situación de no poder salir a la calle sin que la detengan para un autógrafo y las semanas y los meses han transcurrido con felices sobresaltos cotidianos, y una escena que se repite: Solier contestando el móvil y enterándose de una oferta, un nuevo viaje trasatlántico, un contrato inverosímil.
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Le Felicito inmensamente a Magaly Solier por su gran capacidad actoral y por llevar bien en alto nuestro Perú serrano y demostrar que el talento estña en la sierra y no en la costa como muchos lo creen, ella a demostrado que gente joven tiene mucho talento y sobre todo si es de la sierra, ahi donde más nos marginan, pero sin embargo ahi esta los resultados, sigue adelante Mgaly, te deseo muchos éxitos y nunca te olvides de tu terruño y tus costumbres ancestrales…
Muy buen artículo, la forma inmersiva de narrarlo, lo hace genial. La verdad me hace muy feliz y me hace sentir orgulloso que una persona como Magaly salga y demuestre a todo el país, que el exito no es de los qu tienen una apraente “alta posición social” sino de la gente que tiene una “alta calidad humana”.
Excelente!! Es una muestra de nuestra identidad andina, debemos mantenerla y no perderla, Lima tiene muchos habitantes procedente de los Andes y muchos ya han perdido esa idiosincrasia, que mal, yo adoro la tierra de mis padres, Ayacucho, solo una vez en mi vida he viajado y aun siento mucha admiracion por esas tierras.. no debemos perder esos sentimientos..porque son los que nos dan fuerzas para ser mejores..
como llamar el diablo
Vi la premiación de Berlin a nuestras compatriotas…me senti muy feliz al ver a Magaly hablado en Quechua…Ojala el Peru se identificara realmente con sus raices, sostengo que solo asi podríamos salir del subdesarollo, como muchas naciones asiaticas donde aún radico. Saludos Peru!!!
Gracias Juan Manuel. Ahora sabemos en que anda Magaly Solier. Ella es muy bella y tiene fotos excelentes. Bacán lo de la transnacional que quiere hacer comerciales con su cabello. Lo más bacán de tu trabajo, es que has estado en la casa de Magaly, en Huanta, con su familia, con sus cuyes. La verdad que suerte has tenido. Por eso te envidio. Magaly Solier no ha perdido su magia. Sigue vigente. Solo esperamos ver Altiplano y su pronto retorno a Lima. Felicidades.
[...] había adelantado algo en la extensa crónica que publica en su última edición Etiqueta Negra. Hoy Perú.21 confirma el nuevo proyecto que con [...]
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Me gusto mucho, muy bueno! La forma de contarlo y en si, la vida de esta gran actriz. Muy aparte de esto, espero algún día el hablar Quechua no sea sinónimo de algo malo..
ya fue la teta asustada, ademas le fue bien con la propaganda de saga falabella edicion invierno en puno, ja.
[...] Mi causa ‘examinó’ y registró, a lo largo de tres meses la rutina de Magaly Solier, tete a tete asustada, en Lima y en Huanta y lo plasma en el último número de Etiqueta Negra. [...]
[...] Robles pasó tres meses tras la Solier y el resultado de dicha persecusión se ha convertido en el plato fuerte del último Etiqueta Negra. [...]