martes 09 febrero 5:58 am.
Mi esposa Mbaré
Un corresponsal en el Congo se casa con una mujer para obtener la visa que le permitirá asistir al juicio de un dictador. Ella lo espera para pasar la luna de miel. Él nunca regresa. ¿Qué puede decir ese hombre veinte años después?
Un secreto de Manuel Jesús Orbegozo | Fotografía del autor | No. 68

Por culpa del periodismo tengo dos esposas. Ésta es la historia secreta de ese delito.

Entre la capital del Congo-Brazaville, donde me encontraba en junio de 1987, y la República Centroafricana, adonde quería ir desesperadamente, sólo había una hora de vuelo. Pero también me faltaba la visa, de lo cual dependía que yo pudiera asistir a presenciar el final del juicio a Jean Bédel Bokassa, uno de los líderes africanos más depredadores y libertinos de la época. Nacido en una aldea de antropófagos, Bokassa se había convertido en presidente de su país luego de un golpe de Estado. Una de sus grandes temeridades fue convertir la República en su imperio personal. Una mañana fastuosa se coronó como Napoleón I

portando en la cabeza una corona de oro que pesaba casi tres kilos y estaba adornada con veinticuatro mil diamantes y otras piedras preciosas. Bokassa coronó a su mujer llamándola Catherine I y conformó su Corte de Honor con sus cuarenta y nueve hijos. Cualquier periodista habría hecho lo imposible por asistir al juicio a ese tirano para poder contar su historia. Yo, que me encontraba en África cubriendo informaciones para el diario donde trabajaba en el Perú, no podía dejar de estar ahí.

Mientras los habitantes de República Centroafricana se morían de hambre, otro era el ambiente que se vivía en la embajada que ese país tiene en el Congo. Allí, yo contaba con los dedos las horas que me quedaban para obtener la visa y poder volar a Bangui, la capital del antiguo imperio de Bokassa. La secretaria del cónsul, una muchacha risueña de unos veinte años, presenciaba los giros de mi desesperación, y me llamó con su dedo índice.

Poco tiempo antes yo había estado en Angola, cubriendo la Conferencia Internacional Sobre Namibia y Contra el Aparheid, cuando el  juicio a Bokassa llegaba a su fin. Entonces los corresponsales nos propusimos asistir en grupo, pero cuando nos enteramos de que en Angola no había una embajada de la República Centroafricana, la mayoría se desanimó. Desde Lima, el director de mi diario me exhortaba a cubrir esa noticia de carácter mundial. De manera que de aquel grupo de corresponsales sólo yo viajé hasta el Congo para obtener una visa.

En la embajada, la secretaria del cónsul debió adivinar el apremio que yo vivía. En cierto momento me habló de la visa, pero luego empezó a preguntarme en inglés quién era yo, cuántos años tenía, de dónde venía, dónde quedaba el Perú, cuál era el idioma, si allí había oro y plata, si había aviones o barcos, y así siguió hasta que una de sus preguntas cambió de golpe mi ánimo y el giro de la conversación:

–¿Eres soltero o casado? –indagó sonriendo.

Acostumbrado a estos menesteres, le dije que me había casado hacía muchos años, que luego me divorcié y que por entonces ya vivía solo. El Dios de los Periodistas –como era un decir de nosotros– empezó a guiarme para sostener esa mentira. La muchacha se ofreció a ayudarme a conseguir la visa, pero de inmediato me preguntó si ella me gustaba y si acaso quería casarme con ella. Sin dudarlo, le dije que sí. Pero su siguiente petición fue más sorprendente todavía:

–¿Hoy mismo te casarías conmigo?

–Sí –le dije–, hoy mismo.

La muchacha empezó a guardar sus cosas y en pocos minutos estábamos en el mercado comprando lo necesario para preparar un almuerzo-banquete y celebrar así nuestro matrimonio. Después, por supuesto, ella debía entregarme la ansiada visa.

En el almuerzo realizado en casa de Mbaré, mi novia fortuita, el cónsul se sentó a la cabeza de la mesa. En cierto momento nos pusimos de pie y el funcionario dijo algo en su lengua tribal. Luego todos sonrieron, nosotros nos besamos y eso fue todo: Manuel Jesús Orgebozo y Mbaré estábamos «casados». La ceremonia acabó a las tres de la tarde y ya sólo faltaba que ella cumpliera su promesa. Vamos a la embajada, me dijo con mucho brillo en sus ojos. Mbaré era algo gordita, no muy alta y sus cabellos parecían formar una corona. Yo subí a su automóvil como si fuera a viajar al Paraíso.


1 de 2
1 punto2 puntos3 puntos4 puntos5 puntos (0 Votos)
Loading ... Loading ...
comparte:
3 comentarios   |  
orbegozo Manuel Jesús Orbegozo
Perú. Periodista. Trabajó más de treinta años en EL COMERCIO de Lima. Ha sido director de EL PERUANO y subdirector de EXPRESO. Fue Premio Nacional de Periodismo y ha publicado varios libros de crónicas y entrevistas.
¿Cómo se hizo Inca Kola?
(el reportaje, no la gaseosa)

Por Daniel Titinger y Marco Avilés
Swingers
El detrás de escena

Por Gabriela Wiener
Ilustración en home: Dirty Drawings, por Craig Yoe.
El imperio de la Inca
Por Daniel Titinger y Marco Avilés
Dame el tuyo, toma el mío
Una experiencia de Gabriela Wiener (y Cía.)
El amor, por supuesto, no existe
[¿de qué ...

Un texto de José Antonio Marina
¿Cómo se hizo Inca Kola?
(el reportaje, no la gaseosa)

Por Daniel Titinger y Marco Avilés
El imperio de la Inca
Por Daniel Titinger y Marco Avilés
Swingers
El detrás de escena

Por Gabriela Wiener
Ilustración en home: Dirty Drawings, por Craig Yoe.
El amor, por supuesto, no existe
[¿de qué ...

Un texto de José Antonio Marina
Los fantasmas de la casa Matusita
Una visita de Carolina Martín
Fotografías de Armando Andrade


  • Fernando |  |  December 7, 2009 a las 5:42 pm

    formidable….alguien tenia que hacerlo

  • wilber |  |  February 26, 2009 a las 5:39 pm

    fenomenal… una hostoria de como una persona hace las cosas para cumplir y hacer lo que a uno le gusta “ser periodista” pero me gustaria saber como se encuentra mbare… ese bichito periodistico hace que uno se pregunte que sera de ella… como reza un dicho en el amor y en la guerra todo vale… como periodistas nosotros somos magos para obtener la nota y eso nos hace heroes… por que la opinion publica espera mucho de nosotros… un saludo fraternal a todos los que leen esta historia… como dice el maestro no hubo… ningún sentimiento amoroso en juego, sino una lucha de intereses…

  • Víctor Lluen |  |  February 5, 2009 a las 3:23 pm

    Es una excelente historia, la había escuchado en unas de sus clase en San Marcos. Como reza una frase: al maestro con cariño, por ello no reprocharé su actitud. Hizo lo que todo periodista entusiata, curiososo y comprometido con la profesión hubiera hecho. Desde aquí un gran saludo afectuaso al Maestro.


Nombre:
Email:
WebSite
 
Comentario: