lunes 08 febrero 7:57 pm.
Los niños toreros de Francia sólo sueñan con matar
¿Qué tan efectivo puede ser un niño ante una bestia de trescientos kilos?
Una crónica de Renée Kantor | Fotografías de la familia Lenfant. | No. 67

Ninguno de los veinte niños reunidos esta mañana ha sentido el placer de matar. Todavía no. Pero es seguro que pronto, en algunos años, varios de ellos verán con placer a sus adversarios tendidos sobre un charco de sangre. Para eso se entrenan y obedecen a su instructor. Son aprendices de toreros y como tales aún no están en condiciones de tener una víctima. Ser adultos y poder perseguir un animal y matarlo con arte y recibir aplausos por ello es todo lo que desean por ahora. Hoy es un sábado de noviembre en el ruedo de Nimes, en el sur de Francia. Uno de los estudiantes de la Escuela de Tauromaquia de la ciudad, que funciona en este lugar, se inclina mientras deja caer a un costado la capa; luego se adelanta con los brazos y sortea la embestida de unos cuernos de mentira.

luego se adelanta con los brazos y sortea la embestida de unos cuernos de mentira. Da un giro leve, adelanta la pierna derecha y vuelve a alzar en vuelo el paño rosado con el que esquiva a otro niño que embiste como un toro enfurecido. El sol graba un instante dorado en las gradas semivacías de la plaza, mientras los niños y adolescentes de entre siete y veinte años practican el toreo de salón, una imitación del arte taurino que consiste en torear sin un toro. En matar de mentira. Al menos por ahora.

El instructor alza la voz y le ordena al aprendiz de torero que se quede quieto, sin levantar los pies del ruedo. Antes le ha pedido que cambie el paño rosado (capote) por una muleta, ese palo de madera unido a una tela roja que se despliega por el aire creando la forma de un corazón. Todo el secreto se encuentra allí –explica el instructor–: en el arte de provocar al toro y guiarlo sólo con la muleta, logrando que éste pase de largo, como una ráfaga filosa que sólo debe rozar el abdomen. El aprendiz se llama Steven Lenfant, tiene once años y está inmóvil como una estatua de mármol. Su muleta dibuja un agujero de sombra en la tierra cuando Thomas Ubeda, un compañero de siete años, se acerca dando zancadas como una pulga, mientras sostiene un par de cuernos entre los puños. En el ruedo hay otras ocho parejas que practican, alternativamente, a ser el toro y el torero. En lo alto de las gradas, durante tres horas, algunos padres observan una y otra vez la representación. Son sólo una muestra escasa del público que en el futuro podría estar aplaudiendo a rabiar el espectáculo de verdad. Cuando sus hijos, por fin, puedan llamarse matadores.

Ahora los alumnos se toman un descanso. Thomas, el aprendiz que hacía de toro hace un rato, apoya los cuernos en la arena y acomoda sus gafas antes de salir corriendo a abrazar a su padre. Es flacucho, se parece al mago Harry Potter y se hace llamar El niño de la plaza. Su padre le acaricia los hombros y cuenta que a los cuatro años Thomas ya se interesaba en los toros. Ahora tiene unos espléndidos trajes de luces que le cose su abuela. ¿Qué es lo que le puede atraer a un niño de las corridas de toros? La respuesta de Thomas es un simple no sé. Le cuesta explicarse.

Steven Lenfant, el compañero de once años que hacía de torero, está a unos metros acomodando el capote sobre la barrera que separa las gradas de la arena.

–A mí me encantan los toros –dice–, su bravura, su coraje.

–¿No te da un poco de pena que haya que matarlos? –le pregunto.

–No, porque no me pasa a mí. No soy el toro, y no me da pena porque nosotros también recibimos cornazos.

Ha dicho nosotros. Nosotros los toreros, claro. Steven parece un niño con prisa por ser mayor, y ya demuestra esa indiferencia profesional ante la suerte del toro. Como si se le preguntara si le mortifica aplastar a una mosca. ¿Es que alguien se pregunta si es correcto matar un insecto? En todo caso, Steven se hace llamar Angelito. Fue su hermana quien, a su pedido, lo ayudó en la búsqueda de un apodo español. La creatividad de los toreros para inventarse apodos es una tradición que viene de lejos. Este hábito –según escribió el ex matador y periodista taurino, André Viard– se debe al universo familiar y cercano en el que se vivía antes de la globalización. Entonces, era sencillo identificar a las personas con sobrenombres que hacían referencia a sus cualidades físicas, lugar de nacimiento u oficios. En el siglo XVIII los toreros comenzaron a hacerse llamar de modos tan divertidos como ridículos. Cagancho, Lagartijo, Frascuelo, Perrucho o Cara ancha son ejemplos del empeño teatral de la fiesta. Una corrida de toros es un espectáculo: hay un escenario, un torero con seudónimo llamativo, un público que aplaude o calla para aprobar o desaprobar la función y, por supuesto, está la burbuja de fama que envuelve a las celebridades, cada vez más precoces. De todo ese sistema, los aprendices de esta escuela apenas tienen el sobrenombre, que es como empezar a poseer esa versión adulta de sí mismos.


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4 comentarios   |  
kantor Renée Kantor
Argentina. Periodista. Publica en medios de América Latina y Europa. Vive en Francia y es la autora del blog en Etiqueta Negra Contacto en Francia.
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  • carla toranzo | www-animalistas-sa.blogspot.com |  November 17, 2009 a las 2:37 pm

    Excelente cronica..aunque d emuchos sentimiento sencontrados…debe haber un curso en esas escuelas de toreros seguramente y su titulo es “no importa que sufra nadie mas que tu..”

  • Los niños toreros de Fra&hellip | http://meneame.net/story/ninos-toreros-francia-solo-suenan-matar | meneame.net/story/ninos-toreros-francia-solo-suenan-matar |  February 21, 2009 a las 10:11 am

    [...] Los niños toreros de Francia sólo sueñan con mataretiquetanegra.com.pe/?p=281320 por orson_blue hace pocos segundos [...]

  • hector amaya |  |  February 1, 2009 a las 9:53 pm

    he leido con interes este artículo felicito a renne,buena investigación sobre estos niños toreros quie nes a final de cuentas son explotados por sus propios padres ,toreros fracasados o no que ven en ellos la economía que ellos no tiene o no pudieron tener

  • marlene | BEAMIL@FIBERTEL.COM.AR |  January 13, 2009 a las 9:00 pm

    Recien casda y con 22años,estabamos recorriendo Barcelona.
    Impensable no asistir a una corrida de toros.
    No asisti con mucho entusiasmo.
    Me llamo la atencion que el programa que entregaban estaba solamente en 4 idiomas. Ingles ,Frances,Aleman,Italiano.
    Comenzado el espectaculo ,mis lagrimas no paraban de caer.
    Lo que mas angustia me producia eran los gritos delirantes de los alli presentes ,nunca lo entendere.
    Del punto de vista literario ,excelente articulo.


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