Día 1. Mañana. Ramblas. Barcelona.
Manu Chao habla con voz de payaso. Es lo primero que me llama la atención al topármelo en directo. “No estoy dando entrevistas, lo siento”, me dice su voz de sonsonete circense. Es una voz gruesa, atrofiada, típica de los payasos cuando están bajo el escenario, pero esta vez de civil, sin maquillaje ni nariz gigantona. La gente de circo, acostumbrada por años a gritar chistes forzando al máximo su garganta, acaba por heredar este timbre para su vida diaria. “Lo siento, pero no puedo ayudarte”, repite, como el mono de un ventrílocuo. Estoy en Ramblas, el paseo peatonal emblemático de Barcelona. Me he tropezado con Manu Chao de casualidad, mientras él pasea en su bicicleta azul y yo camino hacia el mar. Hace días que andaba buscándolo y el azar ha querido que encuentre aquí al francés ex líder de Mano Negra, al tipo cuarentón que recorre los escenarios del mundo vestido de niño. A Manu Chao, el cabecilla informal de los jóvenes europeos que luchan contra la globalización económica del mundo, el divertido cantante de “Me gusta marihuana, me gustas tú”, la superestrella de vida sencilla, amable, contestataria y solidaria. “Deberá ser otro día, hermano”, y en eso, de la nada, aparece un gordo y maceteado amigo de Manu, tal vez un ex boxeador que se cruza de brazos entre yo y el cantante hasta que la estrella desaparece, humildemente, pedaleando Ramblas abajo.
Día 2. Noche. Barrio Gótico, Barcelona.
Estoy en la Plaza George Orwell del Barrio Gótico. A la plazoleta se le conoce como la Plaza de Trippy, por la desinhibida venta de trip (una suerte de éxtasis barato y molido que se jala) entre quienes deambulan por el lugar: varios europeos descuidadamente hippies y un montón de sudamericanos ovejas negras dentro de sus buenas y blancas familias. Este es el barrio de Manu Chao. Desde el principio supuse que escribir sobre él resultaría una paradoja. Estoy en un bar de la plaza Orwell, con banderas jamaiquinas en el techo, un disco de Mano Negra rotando a volumen fuerte y bebiendo de una cerveza barata y de poco gas. En sus últimos dos discos, ha vendido casi diez millones de copias en todo el mundo. En promedio –me sopla un amigo infiltrado en la industria– el músico recibe un dólar por cada venta (sin contar los derechos de autor, que duplican o triplican las ganancias). Es decir: Manu Chao es millonario. Y en dólares. Fito Páez, aquel arribista rockero argentino, lo critica diciendo que Chao vive como pobre siendo millonario. Él, Páez, vive como millonario siendo pobre. ¿Qué es peor?
Día 3. Tarde. Metro. Sarriá
Próxima estación, Sarriá, suena por los parlantes del metro interurbano de Cataluña. Hace unos días Manu Chao actuó gratis en Barcelona, delante de unos doscientos mil jóvenes antiglobalización que protestaban por la cumbre de líderes europeos hecha en la ciudad. Fue una semana de palos policiales y barricadas en las calles que terminó festivamente con la actuación de Manu y su banda, Radio Bemba. No es la primera ni será la última vez que Chao aparece en el momento justo y a la hora indicada. Ya lo hizo en México, en la Plaza del Zócalo, frente a las ciento cincuenta mil personas que esperaban el arribo de la caravana del Subcomandante Marcos. También estuvo en Génova, en julio de 2001, para apoyar otra vez la causa de la antiglobalización durante la cumbre del G-8. Por eso, muchos lo consideran el líder de un movimiento que en Europa no es pequeño, ni tranquilo, pero que en Latinoamérica suena lejano y ridículo. “Que los jóvenes gringos reciban palos por nosotros me parece extraño”, me dice John Machuca, un ecuatoriano que barre calles y comparte asiento conmigo en el metro. Entonces me pregunto: ¿Hay algo más políticamente correcto que estar en contra de la globalización? ¿Hay algo más políticamente correcto que ser joven y luchar por un mundo mejor y más justo? ¿Existe algo más políticamente correcto que Manu Chao?
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Mientras en nuestros países vivimos mirando a Estados Unidos, un francés vestido como el Chavo del Ocho se llevó baúles y baúles con nuestra música y ahora es un líder mundial.
¿Hay algo más políticamente correcto que estar en contra de la globalización? ¿Hay algo más políticamente correcto que ser joven y luchar por un mundo mejor y más justo? ¿Existe algo más políticamente correcto que Manu Chao?
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quien eres? el hermano de hitler? fascista! tenes mi nombre y apellido búscame que te voy a enseñar como folla un hippie. sin ofender, que cara de payaso tienes. PAZ, AMOR, buen ROCK!
Exacto Eduardo, aunk el autor muestra aparentes contrastes pareciera decicarse a generarlos a partir de los ya existen.
Oh vaya: El texto es bueno; más no por ello tenga k decir k me agrade. Críticar el contenido puede, en este caso, reflejar errores dignos de crítica argumentativa.
1ºGrata y extraña coincidencia la del encuentro con Manu en Ramblas, el autor lo deja como accionar de la casualidad y el lector (yo) supone k en una Ciudad como Barcelona las probabilidades de encontrarse, paseando x la calle, a kien desde hace días buscaba sin éxito son “sorprendentes”. Y de haber forzado un poco esa casualidad es comprensible la frustación al ser negada la entrevista, kizá eso imprimió la actitud y posterior perfil del autor en su texto… Kizá aún más lo hizo el aparente trauma producto de la cara del guardaespaldas.
2ºNo kiero escribir más. Sólo decirle k estoy casi seguro k si mi profesor de Redacción viera su texto, no tardaría en corregirle varios errores, d los k podría humildemente conversar…Si Ud kiere…imagino k no…las vacas agobian.
No me crea Ud. un fiel fans defensor de Manu, soy un simple proyecto de melomano-literato, k trata d ser objetivo.
Fer
Me gustó el perfil: está narrado con gracia, hace buenos contrastes y muestra bastante bien la ambivalencia. Ahora, no me quedan claras varias cosas (sinceramente; no hago comentarios cínicos de textos que no me interesan).
1.- Para qué el narrador aclara que no le gustaría ser Manú Chao (no por qué no le gustaría, eso lo sé, sino para qué lo aclara)
2.- Hasta qué punto, el hecho de que Manú no quiso hablar con el narrador contribuyó a que el perfilado se caracterizara, entre otras cosas, como hombre con voz de payaso.
3.- Por qué el narrador no habla con nadie del entorno del perfilado, o al menos no lo refleja en toda la crónica.
Salud.