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Publicado 15/10/09 a las 8:15 pm

El New Yorker en español

Nunca he querido hacer el New Yorker en español. Es decir, no creo en reversionar “en castellano“ la mí­tica revista estadounidense. Esto último es necesario aclararlo, casi como una declaración de principios. No es un detalle insignificante: en los últimos años he conocido a muchí­simos -demasiados, la verdad- periodistas latinoamericanos que tarde o temprano -con más o menos cervezas en el cuerpo- terminan diciendo aquella temida frase: «Queremos hacer el New Yorker en español».

¿Por qué lo dicen? ¿Y por qué, siempre, como una solución? No hay distingo de rango ni de paí­s. La frase se la he escuchado a estudiantes de periodismo, a reporteros desempleados, a directores de grandes grupos de revistas. Sólo en Buenos Aires, donde vivo hace algunos años, recuerdo claramente a tres editores de medios relativamente importantes que me han dicho: «Nuestra idea es que, de a poco, lleguemos a ser como el New Yorker en español».

Demás está decir -lo supondrán- que esos mismos editores, de ambiciones tan cosmopolitas, manejaban un presupuesto flaco como un alfiler y nunca llegaron a concretar su -pretencioso- sueño. No es un problema tener poco dinero: tiene cierta épica colaborar con una revista de buenas historias y bajo presupuesto. Lo grave, estoy convencido, es lo otro. Es seguir creyendo que algo nos falta. O más grave, pensar que lo que nos falta es una versión en español de The New Yorker.

Todos nos hemos burlado cuando fracasan, una y otra vez, intentos como el tener un Hollywood en español, un campeonato de Football Americano en español, y hasta una una Navidad con pista de hielo en español. Sin embargo, la idea de nuestro propio New Yorker sigue en pie como una aspiración porfiada. Hace pocos dí­as, en una mesa de bar con periodistas, volví­ a escuchar la frase como si fuera la última gran ocurrencia. Entre vasos de cerveza sin gas y cigarrillos incendiados, alguien soltó: «Tengo una idea… ¿y si intentamos hacer algo como el New Yorker en español?». Otra vez. Como tantas veces. No sé si alguien entiende esta obsesión/cliché. Tal vez, la respuesta es simple: finalmente solamente somos eso: una gran versión en español.

Por cierto, cada uno puede querer hacer lo que quiera. Nadie prohi­be nada. Hagan la versión latina de la revista gringa, si eso resuelve la cuenta pendiente. Inténtelo, y háganlo de una vez. Incluso, tal vez colabore. Pese a que mantengo en alto la consigna: ¡NO AL NEW YORKER EN ESPAÑOL!

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