El New Yorker en español
Nunca he querido hacer el New Yorker en español. Es decir, no creo en reversionar “en castellano“ la mítica revista estadounidense. Esto último es necesario aclararlo, casi como una declaración de principios. No es un detalle insignificante: en los últimos años he conocido a muchísimos -demasiados, la verdad- periodistas latinoamericanos que tarde o temprano -con más o menos cervezas en el cuerpo- terminan diciendo aquella temida frase: «Queremos hacer el New Yorker en español».
¿Por qué lo dicen? ¿Y por qué, siempre, como una solución? No hay distingo de rango ni de país. La frase se la he escuchado a estudiantes de periodismo, a reporteros desempleados, a directores de grandes grupos de revistas. Sólo en Buenos Aires, donde vivo hace algunos años, recuerdo claramente a tres editores de medios relativamente importantes que me han dicho: «Nuestra idea es que, de a poco, lleguemos a ser como el New Yorker en español».
Demás está decir -lo supondrán- que esos mismos editores, de ambiciones tan cosmopolitas, manejaban un presupuesto flaco como un alfiler y nunca llegaron a concretar su -pretencioso- sueño. No es un problema tener poco dinero: tiene cierta épica colaborar con una revista de buenas historias y bajo presupuesto. Lo grave, estoy convencido, es lo otro. Es seguir creyendo que algo nos falta. O más grave, pensar que lo que nos falta es una versión en español de The New Yorker.
Todos nos hemos burlado cuando fracasan, una y otra vez, intentos como el tener un Hollywood en español, un campeonato de Football Americano en español, y hasta una una Navidad con pista de hielo en español. Sin embargo, la idea de nuestro propio New Yorker sigue en pie como una aspiración porfiada. Hace pocos días, en una mesa de bar con periodistas, volví a escuchar la frase como si fuera la última gran ocurrencia. Entre vasos de cerveza sin gas y cigarrillos incendiados, alguien soltó: «Tengo una idea… ¿y si intentamos hacer algo como el New Yorker en español?». Otra vez. Como tantas veces. No sé si alguien entiende esta obsesión/cliché. Tal vez, la respuesta es simple: finalmente solamente somos eso: una gran versión en español.
Por cierto, cada uno puede querer hacer lo que quiera. Nadie prohibe nada. Hagan la versión latina de la revista gringa, si eso resuelve la cuenta pendiente. Inténtelo, y háganlo de una vez. Incluso, tal vez colabore. Pese a que mantengo en alto la consigna: ¡NO AL NEW YORKER EN ESPAÑOL!
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Comentarios en El New Yorker en español
Comentarios ( 1 )
Mariel Fatecha
18/10/09
je je, una voz conocí un editor fotográfico en Playa del Carmen que quería convertir el medio en una especie de Le Monde. Sus fotógrafos salían con cámaras de aficionados y traían puras fotos de muertitos. Hablar con él era como conversar con un duende soberbio perdido en la ingenuidad. Quizás por eso vestía camisa mangas largas con 40 grados de calor: vestía a temperatura francesa.
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