De perros, televisión y mentiras

Sucedió hace más de diez años. Ese dÃa y como siempre, mi mejor amigo salió a trotar con su perro: un boxer llamado Tyson. Tomaron la avenida principal, recorrieron el parque, doblaron por el rÃo y cuando ya volvÃan a casa, tras una hora de trote, pasó lo increÃble. En la esquina del semáforo dobló un tipo con luz roja. A lo primero que atinó mi mejor amigo fue a saltar a la vereda. Tyson, que no miraba más allá de sus pies, no logró subirse a la acera: la camioneta de vidrios polarizados lo tragó como si fuera una caja de cartón.
Un ladrido muy agudo, una frenada larga, un golpe seco como bofetada metálica, y Tyson arrastrado por más de media cuadra antes de quedar vacÃo.
En un segundo mi amigo pasó de una placentera mañana deportiva con zapatillas de suela espumosa, a una escena de truculencia pura. Su querido Tyson; el boxer que llegó a la casa cuando yo tenÃa cinco años, el perro que habÃa mordido a tres carteros, su mascota, su mejor amigo, su socio en el trote, ahora estaba tomando su último baño en una posa de sangre espesa.
El tipo que lo atropelló se estacionó cincuenta metros más allá del Tyson desinflado, y luego se acercó caminando hacia mi amigo. Le dijo que cómo se le ocurrÃa salir a trotar con un perro, le gritó que los ojos eran para mirar, que era un idiota por no haber visto la camioneta doblar, que lo mÃnimo era llevar al animal con una correa, le dijo a mi amigo que era un irresponsable, un niñito trotón y luego le pegó un empujón. Cuando mi amigo logró juntar fuerzas para lanzarle un puñetazo, el tipo le dijo:
-Tranquilo, tranquilo compadre, esto es una broma.
- ¿Ahhh? -SÃ, es una broma ¿Ves esos vidrios polarizados? Bueno, detrás de esos vidrios negros de la camioneta hay unas cámaras de televisión. Estamos grabando un nuevo programa que saldrá dentro de un mes. ¡Saluda a la cámara!.
-¡Hola! – saludó mi amigo, llevándose las manos a la cabeza porque no podÃa creer lo que pasaba.
-SÃ, es una broma. Nuestro equipo de producción te ha seguido durante una semana… ¡¡Fran, estamos listos!! -gritó el animador hacia los vidrios polarizados, y de la camioneta se bajó una modelo rubia, ropa ceñida, escote dorado, tacos españoles, y un perro boxer en sus brazos.
-Ohhh, no puede ser- mi amigo no podÃa creer que estaba sucediendo esto, que estaba saliendo por televisión.
-Toma, y gracias por el sentido del humor- le dijo la modelo mientras le cerraba un ojo. Asà le entregaron su nuevo Tyson.
Luego todo vino rápido: firmó un documento donde aceptaba la transmisión de la broma, le sacaron en cámara el collar al perro muerto y se lo amarraron al nuevo. Mi amigo se despidió de beso de la modelo y le dio un fuerte apretón de manos al animador y volvió a casa trotando con su nuevo Tyson. Nos llamó a todos para contarnos que iba a salir en la tele, a las diez de la noche por toda la televisión nacional. Esperamos nerviosos la transmisión de la broma.
El dÃa que pasaron el programa se sintió muy importante. Hace un tiempo me mando un mail desde Chile, donde me cuenta que el nuevo Tyson está muy enfermo. También me cuenta que desde esa vez, no ha vuelto a salir en televisión. Al final me pide que, por favor, nunca escriba su nombre.
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Comentarios en De perros, televisión y mentiras
Comentarios ( 5 )
Rafael
11/06/09
Hola Juan Pablo. HacÃa tiempito que no leÃa algo bacano escrito por vos. Estabas un poco perdido pero ahà sigues, contando estas buenas historias. Definitivamente a veces se pierde la lÃnea entre lo privado y lo público y terminamos siendo protagonistas de nuestras propias tragedias.
luis padilla
15/06/09
hola maestro, siempre saludando su buena pluma. esos de la candy cam van a matar al aguien un dia
Carla
16/06/09
Que historia Juan Pablo! por momentos creà que todo era cierto… increÃble, pobre del dueño del perro…
Saludos desde Ecuador!!
robertofelipe
17/06/09
Para no creerlo, que tenÃa el tipo por corazón, un globo?, también tuve un boxer llamado Tyson, el dÃa que murió lloramos mis hermanos y yo, me sorprendió tu relato, bien.
Saludos
Eli Angeleri
08/07/09
Hola Juan Pablo;
Es una historia muy triste.
Los animales nos trasmiten valores profundos
y de grandes lecciones de vida, pero desgraciadamente. no todos los seres humanos
son en grado de entenderlo.
Hay tanta gente con apariencia de seres humanos,
e interiormente son monstruos.
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