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Etiqueta Negra

SOY EL MÁS GRANDE,
SOY EL MÁS HERMOSO

Una cena sin velas donde discutimos
de superalimentos, rezamos al universo
y escuchamos gospel

¿Por qué hablar de energía es la nueva religión?

Un texto de Maricarmen Sierra Laris
Ilustraciones de Sheila Alvarado

Alimentos
Ilustración de Sheila Alvarado

En 2011 fui invitada a la cena de Acción de Gracias de una familia progresista en Beverly Hills, y Justine Linforth, la matriarca de la casa, bendijo la mesa. Estábamos tomados de la mano alrededor de un festín -pavo, acelgas y espárragos, jalea de arándanos y ponche de claras de huevo-, cuando la anfitriona agradeció la energía que iluminaba nuestros alimentos. Como católica, rara vez escuché hablar de energía metafísica –la que se percibe en el cuerpo de forma sutil, como un espontáneo escalofrío provocado por fascinación o asombro–, pero mi curiosidad me llevó a aprender yoga, budismo, meditación y Reiki –prácticas antiguas que buscan un balance entre mente y cuerpo a través de ejercicios de respiración y concentración. En este mercado de la energía, lo que se compra no se mide en watts. Hay quienes juran curar el ADN con física cuántica o limpiar la carga energética negativa de los ancestros con hechizos mágicos o sectas impunes que sanan los dolores del alma con masajes y esencias florales. Místicos y publicistas hablan de la energía como si fuera oxígeno: necesaria para vivir pero invisible y casi imperceptible. La familia Linforth parecía adorar lo que para otros es un asunto de libros de ciencia: la energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma.

Cuando Lady Gaga dio un concierto, ABC News dijo que su energía en el escenario palpitaba con extravagancia. El New York Times anuncia que en esa ciudad hay quienes ofrecen limpiar la energía de antiguos inquilinos en los departamentos. Los comerciales de Red Bull prometen «La bebida energizante te da alas». Deepak Chopra recomienda leer Mejora Tu Energía Interior. Christopher Hitchens decía que a él su primer odio le daba la energía para sacarlo todas las mañanas de la cama. Nombramos a esa sensación que te eriza la piel de los brazos con la misma palabra que describe lo que nos hace funcionar. Todos hemos comido un chocolate o tomado café en exceso cuando necesitamos más energía. Pero no es suficiente ingerir alimentos como combustible.  Hay quienes sienten baja energía por un mal de amor o quienes se resfrían cada mes. Nuestro cuerpo funciona como un sistema, y su energía se cuida y estimula a nivel químico, biológico, mecánico y metafísico. Para ello existe toda una industria: unos la limpian, otros la balancean y la transforman. Algunos la celebran. ¿Cómo entender la energía humana sin entrar en el terreno oscuro del esoterismo? ¿Podemos alterar la de nuestro cuerpo sin tener que rezar a una fuerza superior? Einstein decía que detrás del verdadero arte y ciencia está la voluntad de aceptar que hay una sabiduría mayor que nuestro entendimiento. La gente aún no se decide si llamarla Dios, malas vibras, nutrición, magia o evolución.

Igual que al encender un foco, nuestro sistema nervioso funciona gracias a impulsos eléctricos que hacen que las neuronas se prendan y se apaguen. Su ciclo natural es reposo-alerta-respuesta-reposo. En esta vida ajetreada (de teléfonos celulares, jornadas de trabajo de dieciocho horas y crisis económicas) creemos necesitar estar siempre alertas, así que ingerimos bebidas energizantes, preparamos un licuado de proteínas antes de ir al gimnasio o nos ponemos un parche de cafeína, pero eso sólo nos estimula de manera artificial sin dar tiempo para que nuestras células se recuperen con naturalidad. Esto causa estrés y algunas enfermedades. Algunos estudios han comprobado que es más importante procurar el estado de reposo en el sistema nervioso para poder rendir mejor. Pero dormir mucho no siempre hace que el cuerpo descanse de verdad. Quizás el secreto esté en buscar más energía en lugar de sólo esperar a que el cuerpo la recargue durante el sueño. ¿Qué debe hacer un mortal para tener más vitalidad y funcionar mejor?

San Francisco es la esquina del mundo donde la fórmula de la innovación admite prácticas espirituales, ciencia y marketing. Me mudé a esta ciudad porque me interesa aprender de comunidades como Wisdom 2.0 o Being Human 2012, que unen la tecnología con misticismo para expandir la consciencia humana. Allí conocí a un buen amigo que me ha invitado a pasar el Día de Acción de Gracias junto con su familia. La celebración terminará siendo para mí como un catálogo de experiencias New Age, una clase sobre las fuentes de energía humana. La tía, Justine Linforth, heredó de su esposo magnate la casa donde nos reunimos. Las paredes están adornadas con máscaras y estatuillas africanas que la delicada mujer rubia de sonrisa tierna y ojos sabios ha ido coleccionando desde los años setenta cuando fue curadora de museos africanos en Estados Unidos. Ella es guía en Agape, una organización espiritual con más de un millón de miembros en todo el mundo que se reúnen cada domingo a cantar gospel a la «energía universal». Tal es su devoción, que esta noche de noviembre de 2011, al lado de la mesa llena de platillos suculentos, coloca una mesita para la laptop donde se transmite uno de los sermones del reverendo Michael Beckwith, el líder de Agape, un hombre negro con hermosas rastas al hombro, vestido con traje blanco que frente a miles de personas canta sobre el amor y la energía universal. Levanta las manos al cielo mientras recita pasajes de la Biblia, mantras hindúes y afirmaciones positivas basadas en la corriente filosófica Nuevo Pensamiento, una mezcla de ciencia mental y cristianismo. «I am he as you are he as you are me and we are all together». Al igual que Agape (o los Beatles con su Walrus) existen otros que invocan esa fuerza que hace que estemos vivos, que el árbol crezca y la manzana nutra. Para ellos no hay un dios castigador que se sienta en el cielo a juzgar a los pecadores y no existe la otredad; aseguran que todos estamos hechos de una misma sustancia y que lo divino está en la fuerza vital dentro de cada ser. Como una especie de pangea formada por todos los «campos electromagnéticos» de los seres vivos, la suma es mayor que las partes. Estamos hechos de átomos que vibran y despiden energía cinética al moverse. Cuando nuestro corazón bombea, los pulmones se inflan, los huesos se mueven o los músculos se estiran, se crea un campo electromagnético alrededor de nuestro cuerpo. Sin ella, el cuerpo sigue existiendo, pero se convierte en un cadáver.

La diferencia entre un vivo y un muerto está en la energía.Hay tradiciones para preparar los platos en una reunión familiar. En la cena de los Linforth las recetas se comparten como si fueran fórmulas milagrosas. Somos ocho sentados en la mesa. Después de algunos bocados y elogios al delicioso pavo y las ensaladas, sin recato pregunto sobre la oración a la energía universal. Silencio incómodo, se voltean a ver de reojo, y con una sonrisa complaciente Justine Linforth me contesta que los alimentos en la mesa (miro el pavo) están llenos de vida, que nos mantienen conscientes y despiertos, y que la energía universal es esa fuerza que permite el intercambio de vida –o energía– entre los seres vivos. Para ellos esto no es una creencia dogmática más. En cada platillo, los ingredientes tienen una función: los arándanos, las moras y las frambuesas de la ensalada son antioxidantes y combaten el colesterol, como antídoto contra la grasa del pavo, «con miel de agave para endulzar en vez de azúcar para no aumentar los niveles de glucemia en la sangre», explica Mystica, la hermana de la anfitriona y madre de mi amigo, quien a sus cincuenta y cinco años parece tener cuarenta, y tiene mejor pelo y cutis que yo a mis veintitantos. Al terminar de comer me sentí ligera, llena de ‘energía’, como si el simple hecho de saber que lo que comía tenía propiedades benéficas, le hubiese ordenado a mi cuerpo sentir que funcionaba bien.

Mystica Linforth fundó una empresa de productos orgánicos. Fue una de las pioneras en los años ochenta en el campo de la comida cruda-viva (raw-super food). Junto con otros emprendedores californianos, se interesó en encontrar alimentos que tuvieran más nutrientes, altos en minerales y vitaminas. Quizá por un afán a no envejecer, propio del culto a la belleza en Los Ángeles, este grupo de neo-hippies se acercaron a la ciencia para validar su teoría: se puede combatir enfermedades –y la vejez– y tener altos niveles de energía en el cuerpo por medio de la dieta. La corriente super food es un mercado de consumo con gran crecimiento en Estados Unidos. Después del boom de la dieta de la zona y los suplementos alimenticios, hubo quienes se negaron a consumir bebidas energizantes y polvos multivitamínicos por estar hechos de químicos. Así que después de años de investigación, compilaron una lista de mejores alimentos para combatir enfermedades, como las moras azules –altas en antioxidantes y vitamina C–; la maca que por su densidad de nutrientes ayuda a combatir el estrés, el cansancio, aumentar la stamina y la libido, porque contiene adaptogénicos (sustancias que ayudan a que el cuerpo se ajuste a cualquier cambio)–; o el cacao –alto en minerales que estimulan el sistema nervioso para lograr mayor atención, estar alerta y contento–. Estos ingredientes colmarán tu necesidad para tener más energía durante el día y funcionar mejor, pero ¿es suficiente ingerir alimentos como si fuera combustible o hace falta también poner atención a la mente y al espíritu?