Etiqueta Negra

SOY EL MÁS GRANDE,
SOY EL MÁS HERMOSO

TODOS
LOS BOWIE
EL BOWIE

Un texto de Rodrigo Fresán

El 11 de enero de 2016, el Control Terrestre se despertó con la noticia de la muerte de David Bowie un día antes y dos días después de haber editado lo que no era otra cosa que su milimétrico y perfectamente diseñado auto-requiem titulado ★ o blackstar. El canto del cisne negro conmemorando su sesenta y nueve cumpleaños, a la vez que —según su productor y mano derecha Tony Visconti— «un regalo de despedida para sus seguidores». Su primer número uno de ventas en USA (y en medio planeta1) de inmediato fue pasto de pistas a lo largo de las poco más de cuarenta y ocho horas que sonó con Bowie todavía entre nosotros. Ahí estaba todo. El adiós como perfecto producto definitivo. Lázaro, la estrella negra como ese signo que se pone junto a una necrológica, o el nombre con el que se designa las lesiones y cicatrices necróticas de un cáncer feroz, o la manera astronómica de designar a las estrellas muertas que pierden su energía pero retienen su masa. Y, desde ahí, Bowie asegurando que en el Paraíso ahora todos lo conocen, y cerrando todo con un: «Seeing more and feeling less / Saying no but meaning yes / This is all I ever meant / That’s the message that I sent / I can’t give everything away»2. Pero, ah, Bowie vio y sintió y reveló tantas cosas a lo largo de su vida y de la distancia entre mínima y abismal que separa al terrestre Major Tom del extraterrestre Ziggy Stardust.

★ EL PRINCIPIANTE

Una particularidad del muy particular David Bowie (nacido en Brixton, al sur de Londres, 1947 como David Robert Jones) que lo convierte en espécimen casi único del Mundo Pop más allá de esa tan bien administrada rareza de tener un ojo raro3: a diferencia de lo que suele ocurrir (arrancar con un gran éxito y luego tener que luchar palmo a palmo por la permanencia y desvanecerse), este hombre que alguna vez se definió a sí mismo como ‘Rock God’ empezó con una serie casi interminable de fracasos, erratas y declaraciones fuera de lugar. De semejante y curtidor entrenamiento —a golpes se hacen los astros— se comprende su posterior obsesión por adelantarse, por dar siempre en el blanco, por seguir esa senda de constante metamorfosis aunque en ocasiones signifique equivocarse o, sin que nadie lo entienda, adelantarse a su tiempo4. Basta con consultar la primera aparición pública y en TV de Bowie con diecisiete años de edad en el Tonight5 de la BBC, 1964. Allí, Bowie se presenta como vocero de un movimiento conocido como Sociedad para la Prevención de la Crueldad hacia los Hombres con Pelo Largo6. Una cosa ya queda clara: a Bowie le gusta que lo miren y lo escuchen. Y así sigue intentándolo, probándolo todo desde casi niño cuando es definido por sus maestros de primaria como «vitalmente artístico». C-c-c-cambios: enloquece con el Tutti Frutti de Little Richard y preocupa a sus compañeros boy-scouts con sus imitaciones de Elvis (con quien compartía día de cumpleaños); aprende a tocar el ukelele; su inestable hermano le descubre a Mingus y a Coltrane y decide probar el saxo; forma su primera banda a los quince años (The Konrads) con un look que recuperaría, a modo de revancha, para el Serious Moonlight Tour; después se pasa a The King Bees y fracasa con su primer sencillo (Liza Jane, de 1964); de ahí salta a The Mannish Boys y vuelve a fracasar con una versión de I Pity the Fool (1965); mudanza a The Lower Third y nuevo fracaso con You’ve Got a Habit of Leaving (1965) y otra canción de título más que revelador: Can’t Help Thinking About Me (1966); se une al combo The Buzz para volver a fracasar con Do Anything You Say (1966) para enseguida pasarse a The Riot Squad donde ni siquiera fracasa porque no llegan a grabar nada. A partir de entonces el por entonces Davy o Davie Jones, porque se hace famoso Davy Jones de The Monkees, decide cambiar de nombre. Primero, se hace llamar Tom Jones (mala suerte otra vez) y, por fin, ser David Bowie (alias en honor a un hombre de la frontera norteamericana famoso por su cuchillo) y lanza el más infame que derrotado The Laughing Gnome (1967) y, mientras toma clases de mimo con Lindsay Kemp, edita su primer álbum solista: David Bowie (1967). Pasa poco con él. Pasa casi nada. Pero no por mucho tiempo.

★ EL FAN

Como toda auténtica de verdad, Bowie fue un gran fan y un vampiro sin fronteras listo para aparecer en todas las fotos con famosos (¡Zelig Stardust!) y después revelarlas en casa y ver qué había allí de útil y práctico para asimilar a su persona. Y, sí, mi Bowie favorito es el Bowie Fan. El de Hunky Dory (de 1971 y donde homenajea explícitamente a Bob Dylan, a John Lennon, a Andy Warhol, a la Velvet Underground) a la vez que los utiliza como piedras fundamentales y vigas del tejado para comenzar a construir su propio mito y —astuto— ponerse a la misma altura7. Así, canciones como Changes (sobre su propensión al cambio constante), Kooks (advirtiéndole a su hijo recién nacido Zowie8 sobre su anárquica vida familiar y su matrimonio con la volátil Angie Bowie9), Quicksand (sobre una fascinación por lo oculto que lo acompañaría toda la vida) y The Bewlay Brothers (sobre su relación con su hermano primero lunático y luego suicida). O, en 1980, en el ya autofan y ya mencionado Scary Monsters (And Super Creeps), donde Bowie hace una primera restauración-retrospectiva de su paleta sónica y demuestra que es lícito y apropiado y genial ser seguidor de uno mismo. O en Let’s Dance (1983) con la perfectamente ejecutada adecuación de su singularidad al apetito de las masas10. O en el inesperado y triunfal retorno de The Next Day (2013), una especie de Scary Monsters Redux con portada intervenida de Heroes. O en , donde se da se da el lujo final de diseñar su propia muerte, de leer las laudatorias críticas sobre todo el asunto, y de decidir que ya es hora de ser una brillante estrella muerta pero que siempre brillará con luz propia y voz única.

★ LA VOZ

David Bowie compone Life on Mars? como homenaje/respuesta al My Way de Paul Anka a ser inmortalizado por Frank Sinatra. Pero su historia es aún más interesante: en 1968, Bowie escribe la letra de Even a Fool Learns to Love para encimarla a la canción francesa Comme d’habitude de Claude François y Jacques Revaux (1967) cuyos derechos adquiriría Anka para rehacerla, sí, a su manera y para ser rápidamente abducida en 1969 por La Voz. Bowie también fue La Voz. La suya —su fraseo, su gracia dramática o su capacidad de amoldarse a la de alguien como Bing Crosby para, en un momento decididamente freak, cantar villancicos à deux— es tan inmediatamente reconocible como la de Bob Dylan y la de John Lennon. Además, y a diferencia de las de los anteriores, la suya fue y sigue siendo una voz virtuosa. Un estudio de 2014 determinó que rankea en la octava posición —justo detrás de Christina Aguilera y justo delante de Paul McCartney— a la hora de medir su alcance y variedad de registros vocales11. Y, sí, todos nos sentimos un poco felices cuando nos enteramos de que le había arrebatado el primer puesto de ventas al 25 de la voz torrencial de Adele. Más allá de todo esto, a mí me sigue conmoviendo el modo en que Bowie dice/canta eso de «He’s Camelian, Co-median, Corinthian and Caricature» en The Bewlay Brothers. Y ese inicio de Rock ‘n’ Roll Suicide enumerando los pasos con los que «Time takes a cigarette, puts in your mouth / You pull on your finger, then another finger, then your cigarette». Y el recitado de todo el Eight Line Poem. Y, por supuesto, la manera ominosa en la que, en Ashes to Ashes, advierte en cuanto a mejor prepararse porque «Sordid details following…».

★ EL FAMOSO

Al final, Ziggy Stardust acaba devorado por sus propios fans y, sí, David Bowie sabe de qué se trata y cómo tratar a la fama y le dedica al tema la muy áspera Fame12. Bowie siempre se muestra mucho y revela poco. Bowie que se corta y diseña y viste una fama a su medida y recibe (o envía a recibir) premios y rechaza títulos nobiliarios y asegura que «para lo único que sirve la fama es que te consigue rápido una buena mesa en restaurantes». Pero también, enarcando una ceja, es Bowie quien advierte: «Ustedes seguro que piensan que ser una rock star y estar casado con una supermodelo es una de las mejores cosas del mundo. Bueno, me temo que debo decirles que sí lo es». La muy influenciada influencia influenciante de Bowie —en 2002 fue coronado como «El artista más influyente de la historia»13— es fácil de detectar en el histrionismo en escena, en la capacidad para reinventarse, en los jugueteos sónicos, en las alteraciones del timbre de voz, en la capacidad para convertir algo under en hit, por citar a unos cuantos, de Peter Gabriel y de Madonna y de Lady Gaga y Arcade Fire y The Killers y Queen (con quienes grabaría el magnífico Under Pressure) y U2 y Marilyn Manson y Nirvana (que desenchufaría magníficamente su The Man Who Sold the World) y Joy Division/New Order y Pulp y Blur y LCD Soundsystem y Talking Heads y Suede y The Cure y Moby y Depeche Mode y Nine Inch Nails y The Dandy Warhols y Philip Glass y en ese pequeño o esa pequeña que ahora mismo está en el estómago de su madre pero que un día va a escuchar a Bowie.

★ EL ACTOR

Y, aún así, siempre hay motivos de queja para ese personaje perfectamente actuado que es David Bowie por David Bowie: «Se la pasan ofreciéndome papeles en películas malas. Y siempre son roles de gays furibundos o travestis o marcianos». De nuevo: lo cierto es que Bowie nunca fue un gran actor, a no ser que el personaje se pareciese un poco a alguno de los muchos David Bowie. Los momentos vergonzantes en su filmografía son demasiados y enumerarlos sería como pegarle a un niño; por lo que, mejor, concentrémonos en su único logro total a la altura del debut (el alien-humanoide en The man who fell to earth de Nicholas Roeg, en 1976) y en sus varios logros parciales que prueban que al Bowie actor conviene ingerirlo en dosis homeopáticas de secundarios y cameos (The hunger, Into the night, Twin Peaks: Fire walk with me, Basquiat, The prestige, The last temptation of christ), en los minutos de sus video-clips, y en sus grandes momentos como entrevistado en talk-shows o haciendo de sí mismo en Zoolander y humillando a Ricky Gervais en ese episodio de Extras, improvisando y dedicando y cantándole en la cara y a quemarropa eso de Little Fat Man.

Y, sí, Bowie fue tan original que rechazó la oferta de aparecer en un episodio de The Simpsons, seguramente porque eso ya lo hace cualquiera14. También, quizá por los mismos motivos, descartó ser un villano en una de James Bond. Sus canciones, en cambio, siempre quedan bien en todas partes y en cualquier película y ahí están sus versiones acústicas y brazileradas en The life aquatic de Wes Anderson y aquella inolvidable carrera por París de Alex en Mauvais sang de Leos Carax (y décadas después en la carrera por New York de Frances en Frances ha de Noah Baumbach) mientras suena Modern Love como si se tratase de la última canción que vas a ver y oír en tu vida.

★ EL SEX-SYMBOL

¿Homosexual? ¿Bisexual? ¿Heterosexual? David Bowie jugó a todas las poses y posiciones y, con los años, se declaró «heterosexual de armario». ¿En serio piensan que le importaba tanto a él más allá de su valor promocional-escandalizante?

★ EL ENAMORADO

Aunque —más allá de toda intención degenerada hard-core perversa y exótica— David Bowie es más conmovedor que nunca cuando le canta al amor sin demasiadas metáforas y con las palabras justas. Bowie como enamorado del amor. Escuchar y emocionarse con este Bowie en Sorrow («I tried to find her, ‘Cause I can’t resist her»), Blue Jean («One day, I’m gonna write a poem in a letter / One day I’m gonna put that faculty together… Oh, Blue Jean / Is heaven any sweeter than Blue Jean»), The Wedding Song («I’m gonna be so good, just like a good boy should / I’m gonna change my ways / Angel for life»), Without You («There’s no smoke without fire / You’re exactly who I want to be with / Without you / What could I do»), Modern Love («Gets me to the church on time»), Be My Wife («Please be mine / Share my life / Stay with me / Be my wife»), Tonight («I’m gonna love you till the end / I will love you till I reach the end / I will love you till I die / I will see you in the sky / Tonight»), Let’s Dance («If you say run, I’ll run with you / If you say hide, we’ll hide / Because my love for you / Would break my heart in two / If you should fall / Into my arms /And tremble like a flower«), Heroes («Cause we’re lovers, and that is a fact / Yes we’re lovers, and that is that») y, sobre todo y por encima de todo, en la gloriosa Absolute Beginners («If our love song / Could fly over mountains / Could laugh at the ocean / Just like the films»), donde se suspira que mientras tu sigas sonriendo no se necesita nada más, en cualquier parte, sin importar la ciudad dónde estemos.

★ EL CIUDADANO

Bowie nace londinense y muere neoyorquino. Y, por el camino y en Philadelphia, se vuelve blanco-negro con el plastic soul de Young Americans (1975)15. Y muta a junkie-satanista-nosferatu hollywoodense-paranoide en Los Ángeles16 donde llegó para dejar el rock y convertirse en director de cine y novelista y tuvo demasiadas novias17 y, se cuenta, almacenaba su semen y sus uñas para que las brujas del lugar no crearan una réplica suya que dominaría al mundo. También, de paso, azotado por una tempestad de cocaína18 bajo el sol, Bowie encargó allí exorcizar su piscina y grabó el siniestro y cromado Station to Station (1976), alimentándose exclusivamente con una dieta a base de pimientos y leche. Bowie en Berlín, donde entre 1977 y 1979 graba el álbum que incluye a la hipnótica/himnótica Heroes (y Low y Lodger) y se reúne con Iggy Pop y Lou Reed conformando una suerte de Tres Chiflados pre-punk19. Y luego allí mismo, según las autoridades que siempre se lo agradecieron, contribuyó a la caída del Muro tocando a su lado, en 1987, para que lo escuchasen en la parte Oriental donde estallaron disturbios con su música de fondo. Y, finalmente y a título personal, Bowie en Buenos Aires: donde tocó varias veces, siempre se lo reverenció a la altura de The Beatles y Pink Floyd y The Rolling Stones20 y —¿soy el único que se ha dado cuenta?— una banda llamada Soda Stereo reescribió con astucia y talento la música de Modern Love para que sonase a Persiana americana, para que sonase a algo ya visto, ya oído, ya leído.

★ EL LECTOR

De todos los Cuestionarios Proust publicados por la revista Vanity Fair mes a mes en su última página, el que se le hizo a David Bowie es el único (escritores e intelectuales incluidos) donde se responde a la pregunta «¿Cuál es su idea de la felicidad perfecta?» con un categórico «Leer». Más adelante, interrogado en cuánto a qué es lo que más le gusta en un hombre, Bowie no duda: «Que devuelva los libros que se le prestaron». Y el mito asegura —seguramente una exageración— que Bowie leía hasta ocho libros por día. Aunque una cosa sí es fácil de comprobar: Bowie leía mucho y «vorazmente; así me eduqué a solas»21, regalaba muchos libros22, y sus versos a menudo están trufados por guiños y alusiones de alguien que sabe de lo que habla y que —¡cut-up!— ha aprendido mucho y muy bien de las técnicas de William S. Burroughs23. La lectura durante su adolescencia del On the road de Jack Kerouac fue uno de los momentos más epifánicos de su vida. Adoraba a Stephen King y a Martin Amis y a Julian Barnes; sentía un gran respeto por «la resonancia» de Thomas Hardy, pero «aún me cuesta un poco». Despreciaba a esos autores a los que no les encontraba «ningún utilidad, porque lo suyo no es aplicable, no es nada que me pueda servir», y contaba que le resultaba imposible desprenderse de todo libro que hubiese pasado por sus manos y ojos24. Es conocido que parte importante del equipaje en sus tours era un par de baúles acondicionados para funcionar como bibliotecas portátiles. Hasta el final abogó por la lectura como método infalible para mejorar al mundo: «La gente es tan jodidamente tonta. Ya nadie lee, ya nadie investiga acerca de la sociedad y la cultura en la que ha crecido… ¿Cómo no amar al Oxford dictionary? La primera vez que lo leí pensé que, en realidad, no era otra cosa que un gran poema sobre todas las cosas del universo», dijo. Y agregó: «Estoy buscando financiación para la autobiografía no autorizada que estoy escribiendo. Si hay suerte, venderá tantos ejemplares que tendré la posibilidad de demandarme a mí mismo por una cantidad cósmica de dinero y así poder producir la versión fílmica en la que interpretaré a todos los personajes. David Bowie incluido».

★ EL ESTRATEGA

Si el rock and pop fuese una forma de estrategia militar, entonces David Bowie fue su Napoleón Bonaparte. Elogio imperial que no lo salva, claro, de la derrota catastrófica, de Waterloos y de exilios. Los triunfos fueron numerosos y estuvieron siempre ligados a la cuidadosa administración de su figura. Ataques sorpresa y retiradas triunfales. Sus fracasos también: recordar esa torpeza a la hora de intentar prolongar la racha de titán de estadios marca MTV de Let’s Dance con el deslucido Tonight (1984) y el completa-mente amorfo Never Let Me Down (1987) y su correspondiente y aparatosa y nada redituable Glass Spider Tour25. Y mejor no hablemos de su peluca en Labyrinth o del video-clip de Dancing in the Streets, junto a su alguna vez hipotético compañero de cama orgiástica Mick Jagger. Tampoco de ese casi berrinche/capricho de renunciar a sus glorias pasadas «por aburrimiento» con gira de despedida y convertirse en un miembro más de la banda Tin Machine (entre 1989 y 1991) que, digámoslo, se las arregló para anticipar el sonido grunge pero embutido en impecables trajes y no pelo largo y sucio y camisas de franela. Mucho mejor le fue a Bowie (al menos al principio de la maniobra) cuando convirtió sus canciones en acciones de Bolsa (¡BowieBonds!) y no tan bien cuando quiso subirse a lo de descargarlas (¡BowieNet!). Pero, sin dudas, su movimiento maestro, ya cerca del final, fue su retiro à la J. D. Salinger y, en 2013, tras diez años de silencio discográfico, su sorpresiva publicación del muy bueno The Next Day en sincro y en espíritu26 con la exitosísima mega-muestra en honor a su figura y genio y «artefactos» en el Victoria and Albert Albert Museum bajo el nombre de su nombre: David Bo-wie Is27. Respuesta ambigua aunque correcta a la difícil pregunta de «¿Qué o quién es David Bowie?».

★ EL CAMALEÓN

Camaleónico fue, seguro, el adjetivo más apropiado e indiscriminadamente invocado en la vida y la muerte de David Bowie. Así, Bowie dio vida a esa especie de dama/don renacentista circa The Man Who Sold The World y Hunky Dory (1970-1971) que, como con la Gioconda, su sexo no se precisa ni es preciso; mató al colorido y cósmico Ziggy Stardust28, se transformó en el pálido y decadente y ario-fascistoide-alien Thin White Duke29, y, muy pero muy cerca del final, devino en ese Lazarus teatral y más agonizante que resucitador de su último video. ¿Por qué? ¿Para qué? Ya se dijo: si a The Beatles le funcionó. Pero en Bowie hay un factor extra y compulsivo y adictivo al asunto. Bowie empieza no estando contento de quién es y nunca se conforma del todo con el que va siendo y recién —paradoja de paradojas— parece a gusto consigo mismo cuando ya no tiene que ser un nuevo David Bowie cada temporada. Sus discos publicados a finales y principio de milenio luego de desbandar a Tin Machine y sintiéndose con energías para volver a estar a solas y solista —Black Tie White Noise (1993), el muy radical Outside (1995) junto a su hermano de sangre sónica Brian Eno, Earthling (1997), ‘Hours…’ (1999), Heathen (2002) o Reality (2003) — lo encuentran entre muy satisfecho y con pocas ganas de seguir, dejando pasar la vida, picoteando aquí y allá de su pasado. Entonces, aquel que alguna vez se consideró «extraterrestre» y «súperhumano» y «amante de lo alien», se muestra cómodo siendo un simple terráqueo y cantándole lateral y subliminalmente a Ziggy y al Major Tom (en canciones y video-clips como Little Wonder y Hallo Spaceboy) como seres ya para siempre fuera de su propio ser. Seres a los que envía lejos y despide con la cara limpia luego de tantos años de cambiar y de poner caras30.

«Podría asegurar que Madonna no es una mujer muy feliz. Según mi propia experiencia, habiendo pasado como ella por tantos cambios de personalidad, no es otra cosa que una desesperada necesidad de ser siempre el centro de toda atención. Y ese no es un lugar placentero al que aspirar… Yo he reinventado mi imagen tantas veces que he conseguido negar el hecho de que, al principio de todo, yo no fui más que una gorda coreana», rió Bowie, quien —en paz consigo mismo— tituló en 2014 a la última de sus acaso demasiadas antologías de grandes éxitos31 con un Nothing Has Changed32.

★ EL ENFERMO

Hay que tener mucho cuidado con titular a un álbum Reality (2003) porque es como si pidieses que la realidad te alcanzara y te acorralase. A David Bowie la realidad lo llamó por su nombre el 18 de junio de 2004, durante su Reality Tour33, que sería el de mayor recaudación de ese año, sobre el escenario, en Oslo: dolor en el pecho que no fue por un nervio pinzado sino por un arteria coronaria bloqueada. A partir de entonces —entre rumores de sucesivos ataques cardíacos y de una salud que comenzaba a acusar la fatiga de materiales por una vida loca, pero de nuevo padre y feliz junto a la modelo somalí Imán34 luego de una agitada vida sentimental— Bowie casi desaparece. Bowie calcula o improvisa al milímetro sus ocasionales avistamientos35 a la vez que no parecen preocuparle los paparazzi que le sacan fotos en las que se lo muestra caminando por Manhattan con abrigo y gorra y un aire un tanto descuidado, aparentemente sin importarle en absoluto el que una encuesta de la BBC del 2013 lo consagrase como «el británico mejor vestido de la Historia». Y, de pronto, el día de su cumpleaños número sesenta y seis se anuncia un nuevo trabajo precedido por un single de título entre esperanzado y resignado donde Bowie pasea por su pasado y recuerda sin ira: Where Are We Now? Y el interrogante queda en el aire porque Bowie declina toda entrevista sobre su súbita resurrección. Por lo que a las revistas rock-nostálgicas para sesentones como Mojo y Uncut no les queda más que tirar de archivo y rescatar declaraciones más o menos recientes del tipo: «A medida que envejeces, las preguntas se reducen a dos o tres: ¿Cuánto falta? y ¿Qué voy a hacer con el tiempo que me queda?» Siete años antes, en el concierto-celebración por sus cincuenta años de vida y su entrada al Rock and Roll Hall of Fame, Bowie se había despedido de sus fans y colegas con un «No sé a dónde iré desde aquí, pero prometo que no será aburrido». Años después, reportaría desde el casi final de su trayecto live: «Disfruten al máximo de cada momento. No estamos evolucionando. No vamos a ninguna parte».

★ EL MUERTO

¿Eso de «esparzan mis cenizas en Bali siguiendo el rito budista» era un poco vulgar y común tratándose de David Bowie? Uno imaginaba otra cosa. Algo ni siquiera tan obvio como una urna arrojada al espacio profundo y todo eso. Algo muy original. Pero no. Por suerte —para mi/nuestra tranquilidad, de parte de aquel que alguna vez imprecisó que «soy casi un ateo; denme un par de meses, ya casi estoy ahí»— enseguida venía la cláusula muy bowiesca en el testamento avisando que «en caso de que no resulte práctico lo de Bali», se las podía esparcir en cualquier parte. Y me pareció verdaderamente conmovedor y british el legado de un millón de dólares (de los cien acumulados) a Marion Skene, quien alguna vez fue la seguramente muy pero muy exigida niñera de Duncan Jones, hijito de Dave y de Angie, ocupándose de todo y de todos allá por los principios de los glamourosos primeros años setenta en los que cuesta tanto imaginar a Ziggy Stardust cambiando pañales o llevando a su hijo al colegio, ¿no?.

★ EL INMORTAL

Días después de su muerte, un grupo de astrónomos belgas del Observatorio MIRA decidió dedicarle a David Bowie —quien ya contaba con una variedad de araña bautizada en su honor, la Heteropoda davidbowie— todo un asterismo en una constelación para así destacar su condición de «artista fuera de este mundo». Bonito gesto, no fue sencillo, pero lo consiguieron. Las siete estrellas elegidas36 conforman la figura de un rayo similar al que alguna vez cruzó el rostro de Bowie en la icónica portada de Aladdin Sane (1973). Dicen que se la puede contemplar en las noches claras del hemisferio sur, apuntando un buen telescopio hacia Marte. Hacia ese planeta donde —a partir de la muerte de Bowie— la respuesta a la pregunta en esa canción es que, sí, ahora allí hay vida.

1Amazon reportó quedarse sin unidades para despachar.
2I Can’t Give Everything Away, track de cierre de ★
3Asunto mencionado hasta el hartazgo como si se tratase de un signo divino pero en realidad producto de una muy terrenal pelea a golpes en el patio de su escuela, en 1962, cuando Bowie tenía catorce años (peleaba por una chica de nombre Carol Goldsmith; su rival, George Underwood, sería amigo suyo toda su vida y llegaría a tocar en alguna de sus primeras bandas así como encargarse del diseño de las portadas de Hunky Dory y de Ziggy Stardust and the spiders from Mars así como del material de prensa del film The man who fell to earth). Contrario a lo que se piensa y se dice siempre, sus ojos no tienen color diferente sino que la pupila agrandada de uno de ellos produce esa impresión. Este efecto y condición se conoce como aniscoria.
4Modus operandi inaugurado por The Beatles y Bob Dylan más por intuición que por otra cosa. El mandato implícito de que todo lo que funciona debe cambiar en lugar de mantenerse igual. «Si algo funciona es que está pasado de moda», postuló Bowie.
5Aquí lo tienen: https://www.youtube.com/watch?v=m5zxeLwUSdk
6Algunos afirman que todo no fue más que un ardid publicitario del joven para promocionar su inminente debut discográfico, pero…
7David Bowie llevaría aún más lejos todo el asunto casi inaugurando en el rock ‘n’ pop lo que hoy es rutina cuando se trata de disimular bloqueo creativo, finiquitar contrato o, simplemente, hacer algo por amor al arte: con Pin-Ups (1973) lanza todo un disco dedicado a otros. Versiones ziggyficadas de The Kinks, Pink Floyd, The Pretty Things y The Who entre otros.
8Ahora conocido como el director de cine Duncan Jones, responsable de la espacial y muy bien recibida Moon (2009).
9Hoy distanciada de su hijo y sin ningún contacto con Bowie desde hacia años. Angie Bowie –quien no deja de recordar que sorprendió a David y a Mick Jagger en la cama en cada entrevista que da y quien sigue insistiendo que ella fue la inspiradora para la canción Angie de The Rolling Stones, aunque Keith Richards lo haya negado una y otra vez— participaba de la edición del reality show Celebrity Big Brother cuando fue informada de la muerte de su ex marido. Angie Bowie lloró, dijo «Stardust has gone», y continuó concursando.
10Entonces Bowie instruye/ordena al guitarrista/productor Nile Rodgers con un «haz lo que mejor haces: hits».
11Para comprobarlo basta con escuchar ese virtual catálogo de voces que es Hunky Dory.
12Compuesta junto a John Lennon y single número 1 de ventas norteamericano en 1975.
13Por el New Musical Express.
14No se negó, en cambio, a poner su voz en un episodio del mucho más cercano a su estética Bob Esponja, personaje para el que, se dice, componía canciones para un musical en Broadway hasta poco antes de morir.
15David Bowie y Elton John fueron los primeros carapálidas invitados a actuar en el sólo-para-afroamericanos show de tv Soul Train.
16«Pasé allí los que, singularmente, fueron los días más oscuros de mi vida… Ese jodido lugar debería ser borrado de la faz de la Tierra», recordó con ira y miedo.
17Entre ellas la madre de Slash, guitarrista de Guns ‘N’ Roses, quien se recuerda, de niño, entrando a la habitación de mami y descubriendo ya saben a quién entre las sábanas.
18Droga de cabecera de un hiperactivo Bowie siempre con tantas ganas de no dormir. Los alucinógenos y el LSD, en cambio, siempre le parecieron «poco imaginativos en comparación con mi mente».
19Iggy es Curly, David es Larry y Lou, por supuesto, es el gruñón Moe.
20Argentina fue uno de los veintitrés países en los que alcanzó la primera posición en ventas.
21La lista de sus cien libros favoritos volvió a abrirse en internet entre tanta glosa funeraria; allí figuran títulos obvios y directamente ligados a sus canciones como 1984 de George Orwell, A clockwork orange de Anthony Burgess, pero también sorpresas como Flaubert y Faulkner y Bulgakov y Fitzgerald y Bellow y Nabokov y…
22Julio Villanueva Chang me comentó que David Byrne le dijo que alguna vez había recibido de sus manos una antología de discursos de Fidel Castro.
23El director de cine Cameron Crowe, entrevistando a Bowie en sus años de periodista almost famous, contó cómo el songwriter le demostró su método de composición ensamblando frases sueltas escritas en tiras de papel.
24«Muchos de ellos los tengo en depósitos en almacenes. Conservo cerca a los indispensables y a los que tengo por leer y algunas noches miro desesperado y me hago esta cosa terrible que es el contarlos y repartirlos en el tiempo sabiendo que nunca tendré tiempo suficiente para todos ellos. Ningún pensamiento me llena de mayor tristeza».
25«Mis años como Phil Collins», según Bowie.
26The Next Day funciona a la perfección como un greatest hits alternativo confeccionado con canciones nuevas, como si llegase desde otra dimensión donde Bowie también es un gran artista, que repasaba sus diferentes estilos.
27La muestra resulta entonces ser la más visitada entre todas las alguna vez montadas en ese museo londinense. Fui allí, en mayo del 2013, con mi hijo de entonces seis años quien, tres años después, sigue sin creer todo lo que vio y oyó allí.
28Así como a sus derivados Aladdin «Ziggy Goes to America» Sane y Halloween Jake en Diamond Dogs.
29Apéndice de su rol en The man who fell to earth, admirador público de Hitler («el primer rock star») y motivo de cierta vergüenza retroactiva para un Bowie que pidió disculpas por todo eso -incluyendo su saludo nazi en Victoria Station al regresar en tren a Londres y su deseo de que Inglaterra tuviese un führer que «pondría un poco de orden»- porque «por entonces yo estaba completamente loco y pasado de coca entre otras sustancias»
30Al respecto, el mejor comentario acerca de la propensión lírica/astral/solipsista en la lírica de David Bowie está en la canción parodia/homenaje Bowie’s in Space de Flight of The Conchords donde se le pregunta si el frío en espacio le pone duros los pezones y los usa como antenas y si tiene un bonito traje de astronauta con lentejuelas: http://www.metrolyrics.com/bowie-lyrics-flight-of-the-conchords.html y https://www.youtube.com/watch?v=f4zV4pJ8MwM.
31Hay casi medio centenar en su discografía oficial. David Bowie tuvo, también, un formidable talento para relanzar una y otra vez su catálogo con diferentes nombres y formatos.
32Tony Visconti ha comentado que existen por lo menos cinco nuevas canciones post y que el artista habría dejado perfectamente organizadas (incluyendo un plan con sus fechas de lanzamiento) sucesivas recopilaciones de rarities de su catálogo.
33También conocido como el Llolipop en el Ojo Tour: buscar en internet y apartar la vista de las fotos que registraron el bizarro accidente en un festival en Oslo.
34David Bowie siempre se sintió atraído por las mujeres de piel oscura.
35Graba una nueva versión de Changes para una de las películas de Shreck, actuaciones breves como invitado de David Gilmour y Arcade Fire
(banda de la que se siente descubridor) y TV On The Radio y Lou Reed y Alicia Keys y Scarlett Johansson, un comercial de tv junto a Snoop Dog,
curadoría de festivales, ahora lo ves, ahora no lo ves.
36Sigma Librae, Spica, SAO 241 641, Zeta Centauri, SAA 204 132, Beta Sigma Octan-tis y Trianguli Australis.