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Etiqueta Negra

SOY EL MÁS GRANDE,
SOY EL MÁS HERMOSO

Per Nimér
El Hombre que sabe de qué color será
tu próximo refrigerador

En Suecia, un país de descolorida elegancia,
el hijo de un vendedor de pinturas
se dedica a predecir de qué color serán
las paredes de tu casa la próxima temporada.

Una crónica de Luis Barturén
Ilustrada por Elisenda Estrems

Color

A lo largo de su vida, el diseñador sueco Per Nimér ha sido retratado una y mil veces con un arcoíris de colores a la espalda, o con una bufanda multicolor rodeándole el cuello. Nimér es el director global de diseño de AkzoNobel, la principal compañía de pinturas del mundo, que emplea a más de cincuenta mil trabajadores y vende sus productos en casi cien países. Cada vez que le ponen un micrófono o una cámara por delante, Nimér debe someterse a la dictadura de la policromía y sonreír imperturbable rodeado de una acumulación insensata de colores.

Hoy no. Hoy la conversación tendrá lugar en una sala de reuniones decorada sin alardes, coloreada en suaves tonos ocres, en el centro de Estocolmo, adonde ha venido a esperar el visado que le permitirá viajar de inmediato a China. Nimér examinará el despacho por un instante antes de empezar a hablar: paredes, puertas, ventanas, muebles. Es difícil adivinar si su alarma de color ha saltado, si alguna disonancia cromática en esa habitación se le ha hecho insoportable. Así que debo preguntarle. «Aquí todo está como debe ser», contesta Nimér sin inmutarse.

 

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DESCRIPCIÓN

Hasta hace unos días, en Estocolmo el paisaje de invierno imitaba la desnudez de una hoja en blanco, y es en esta ciudad fría y descolorida donde me reúno con uno de los mayores expertos mundiales en policromía. Un oráculo del color. Además de trabajar para AkzoNobel, Nimér es miembro del Color Marketing Group, una asociación internacional de profesionales relacionados con el diseño y el marketing. Año a año, se reúnen para intentar adivinar y, de alguna manera, deliberar sobre los colores que las distintas áreas del diseño industrial adoptarán hasta tres años después.
Cuando Nimér era niño correteaba y jugueteaba en la tienda de pinturas de su abuelo en la pequeña ciudad sueca de Svedala, negocioque luego heredaría su padre. Un niño ordenado, eso sí, que pasaba horas revisando y ordenando catálogos llenos de colores con nombres como sacados de la ciencia ficción: cyan, magenta, ecru. «Ya con cinco años organizaba colores. Pero la mira por entonces no estaba puesta en planificar una carrera, o eso creo», decía en una entrevista. Su educación continuó años después en la Universidad de San Francisco, donde se graduó en Arquitectura de Interiores y Diseño Gráfico. Después abrió su propio estudio de arquitectos, primero en Estados Unidos y luego en Suecia. Tiempo después pasaría a ser director de la Escuela de Publicidad RMI-Berghs en Malmö, Suecia. Quien quiera ver en él al obediente heredero de una familia signada por el trazo del color, al continuador pasivo de la tradición familiar, se equivoca. Resulta inevitable hacer la broma, y le digo que, dada su hoja laboral, no parece haber sido la oveja negra de la familia. «Gris», responde Nimér. Y es verdad, lejos de conformarse con el negocio familiar, Nimér siempre ha sido un hombre inquieto que partió pronto en busca de un mundo que excediera Malmö, la ciudad de trescientos mil habitantes donde nació. A los veintiún años vendió su estéreo, su bicicleta y otras pertenencias para poder viajar durante un año entero por distintos continentes y pasar unas semanas junto a una tribu de antiguos cazadores de cabezas en Filipinas.Hoy día, el hombre que dice que puede distinguir diez millones de colores diferentesviaja a China representando a la compañía cuyos colores cubren yates y estadios olímpicos.

Si bien su currículo es pintoresco, Per Nimér resulta sobrio en su vestimenta. Saco oscuro, camisa azul claro, anteojos cuadrados de fino marco metálico, pantalones sport conjuntados con el saco y zapatillas celestes. Sin estridencias. Ninguna nota llamativa fuera del color cielo del calzado.  Nada que nos sirva para entrever los colores de esta temporada. O de la siguiente. Nimér trabaja con los matices de la vista: «Al color no lo puedes oler, saborear ni asir.  El color es tan etéreo y sin embargo tan poderoso». La historia le da la razón. Bajo el poder de Julio César, por ejemplo, los tirios exprimían a mano decenas de miles de moluscos del género murex para extraer el tinte necesario para teñir de color púrpura una sola toga. Esa vestimenta señalaba quién entre los patricios era el césar y su uso no autorizado estaba penado con la muerte. Los hindúes, por su parte, elaboraban hasta finales del siglo XIX el famoso «amarillo indio», un tinte intenso, casi fluorescente,  que según la tradición se elaboraba con la orina de vacas alimentadas hasta el envenenamiento con hojas de mango. Durante la dinastía Tang en China, entre los siglos IX y X, un matiz del verde de la llamada porcelana Mi Se fue decretado secreto y de uso exclusivo de la familia imperial. El misterio de este color sólo visto por el emperador y los suyos fue tan bien guardado, que el secreto no fue develado con seguridad hasta 1987, al descubrirse por accidente restos arqueológicos en el templo de Famen, provincia de Shaanxi. ¿Qué matiz era? Nada que deslumbrara o confundiera el ojo humano, simplemente una especie de verde turquesa claro que los años han trocado en un matiz olivo.

Todavía hoy, el color sigue siendo una mercancía. Como cualquier adivino, Nimér tiene un trabajo que depende de la observación cuidadosa de ciertos códigos secretos. ¿Cómo se profetiza sobre el color? Lo paradójico es que la empresa productora de pinturas más poderosa del planeta no puede influir lo más mínimo en las tendencias de color de interiores, explica Nimér: «Imagínate que los expertos en moda de vestir detectaran una tendencia hacia ropas desgastadas con colores ajados y nosotros digamos ‘¡Rojo!’ a nuestros clientes. Nadie nos haría caso, claro». Lejos de imponer –explica Nimér–, AkzoNobel investiga y sugiere a partir de las observaciones realizadas por sus expertos. ¿Y qué observan Nimér y compañía? Mujeres. Sus ropas más bien. «Los colores que primero usan las mujeres en su vestimenta los veremos con toda seguridad luego en nuestras paredes», explica. Razón por la cual es un habitual en los desfiles de moda y se reúne con frecuencia no sólo con arquitectos y diseñadores de interiores como él, sino también con modistos y expertos en el arte del buen vestir. Hasta hace poco, el trayecto que llevaba un color, una tonalidad, desde las pasarelas hasta las paredes de un despacho o los pasadizos del lobby de un lujoso hotel, solía tardar un par de años. Pero los tiempos ahora se han acortado también para los colores, que viajan con el vértigo de otras tendencias de la moda y llegan en pocos meses de los talleres de los modistos a los muros domésticos. El buen ojo para el color de las mujeres, explica Nimér, no pasa tan sólo por una educación cultural asociada al maquillaje y los dictados de la moda. Es un hecho científico. La tasa de afectados por daltonismo en la población masculina, por ejemplo, es casi veinte veces mayor que en la femenina. Mark Changizi, el autor de The Vision Revolution, explica que la sensibilidad para reconocer colores es una ventaja evolutiva pues permite que quienes detectan cambios en el color de piel de otras (moretones, rubores) interpreten mejor el estado mental, físico y emocional de otras personas. Esta receptividad cromática explicaría no sólo la intuición estética de las mujeres, sino también su receptividad a los estados de ánimo de los demás.