jueves 29 julio 2:07 pm.
El pueblo que vive del cielo
Se llama Capilla del Monte y es un caserío en la provincia argentina de Córdova. Pocos sabrían de su existencia si no fuera por su cerro más importante, el Uritorco, epicentro de una supuesta aparición de un ovni que transformó la historia de la localidad. ¿Tiene algo que ver el turismo con la vida fuera de la Tierra?
Una crónica de Josefina Licitra | Fotografía de Ariel Pacheco | No. 56

ovnisGabriel Gómez, un niño de once años, levantó la vista, miró el fondo de la noche y se llevó una sorpresa. La luz en el cielo era roja, zigzagueante y veloz.

«Es la luz mala», le susurró a su abuela. La luz mala es un mito en el campo argentino y refiere exactamente a eso: un resplandor que aparece de golpe, una garantía de desastre. Era la noche del 9 de enero de 1986 en Capilla del Monte, un poblado ubicado en la provincia de Córdoba, ochocientos kilómetros al noroeste de Buenos Aires. Gabriel Gómez y su abuela no durmieron. A la mañana siguiente, el paisaje mostró su evidencia: la ladera del Pajarillo –perteneciente al cerro Uritorco, el lugar por el que había aparecido el resplandor– estaba quemada. Sobre la pendiente había una mancha ocre y seca de ciento veintidós metros de largo y sesenta y cuatro de ancho, que en cuestión de horas atrajo a todo el periodismo local. La llamaron «la huella». Frente a los medios apareció el niño Gómez. Contó que vio una luz, que su abuela lo mandó a casa pero él no quiso, que luego esa luz se hizo más débil, y que finalmente apareció, ante sus ojos, un elemento redondo y con ventanas.

No era la luz mala, entonces.

Desde ese 9 de enero, en Capilla del Monte reina la certeza de que ese corpúsculo era un ovni, un objeto volador no identificado que, a juzgar por los favores que le hizo a la región, cumplió las funciones de una luz definitivamente adorable. Tras la supuesta llegada de esa nave, la localidad empezó a crecer a un ritmo de vértigo, a tal punto que Capilla del Monte es hoy uno de los epicentros especializados en ovnis y «filosofía new age» más importantes de Latinoamérica. En el pueblo, que apenas supera los diez mil habitantes, la oferta esotérica lo abarca todo: hay lecturas del aura, parques temáticos, turismo ufológico («suba una montaña y vea un plato volador»), un estudiado merchandising (se vende hasta veladores con la cara de ET), un Centro de Investigación Ovni, programas de radio especializados, congresos internacionales y hasta un local de embutidos con un descomunal plato volador sobre el techo.

–Este pueblo cambió con la huella del Pajarillo y hoy es el centro de peregrinaje ufológico más importante del planeta –quizá exagera Jorge Suárez, director del Centro de Informes Ovni (CIO), conductor del programa radial «Alternativa Extraterrestre» y organizador, en Capilla del Monte, de quince congresos internacionales sobre el tema.

Según cálculos de Suárez, en 1986, el cerro Uritorco era visitado por cuatrocientas personas al año, y hoy lo visitan cien mil, es decir, un veinticinco mil por ciento más. Capilla del Monte, además, habría duplicado su población en los últimos años: muchos eligieron vivir aquí atraídos por alguna «vivencia paranormal».

–Lo que pasa es que la gente no lo dice: prefieren decir que se quedaron acá por la energía y la belleza del lugar –asegura Suárez–. Mencionar a los ovnis, para casi todos, es vergonzante: todos los medios se ríen de ellos y a nadie le gusta hacer el ridículo.

Jorge Suárez es de Buenos Aires. Se instaló en Córdoba en 1976 (al comienzo de la última dictadura militar en la Argentina), y con la llegada de la democracia se desempeñó como director de Turismo en la región. Fue durante su gestión que apareció la huella en el cerro Uritorco, y fue Suárez el encargado de recibir a los cientos de investigadores que empezaron a llegar de todo el mundo para analizar ese pálido lunar que manchaba el cerro.

Hasta ese momento, Suárez era de ese tipo de personas convencidas de que los ovnis son un invento de Hollywood. Pero a principios de 1986 empezó a creer. Ahora cuenta su credo en la sala de estar de su casa –que oficia de centro de operaciones del CIO–, a metros de una ventana por la que puede verse el Uritorco, y de espaldas a un afiche en el que se lee una pregunta sin respuesta: «¿Estás preparado para la verdad?».

–Hay gente que no está preparada –dice Suárez–. Por ejemplo el periodismo: son todos unos idiotas.


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