jueves 09 setiembre 10:09 am.
La nueva diva del punk es una chica XXL
Se llama Beth Ditto y nació en un pueblo de los Estados Unidos donde los niños la molestaban por ser una chica gorda. Ahora, sin remediar su sobrepeso, ella es una estrella del rock, posa desnuda en portadas de revistas y los gurús de la moda universal la invitan a sus fiestas. ¿Por qué alguien como ella ha logrado lo que otras chicas 90-60-90 no?
Una crónica de Michelle Tea | Traducción de Jimena Talavera | No. 75

***

Beth Ditto y Tara Perkins acaban de instalarse en su cuarto del hotel y parece que han estado viviendo allí por una semana. Hay basura por todos lados, ropa desbordándose de maletas. Perkins hace sonar muy fuerte a los Modern Lovers en su iPod. «¿Te gustan? ¡Sabía que te gustarían! ¡Te los estoy poniendo para ti!». Ambas se fueron de compras en Londres, a las oficinas de prensa de diseñadores, donde ropa de alto precio es regalada u ofrecida a un considerable descuento a celebridades. «Si la gente piensa que eres rica, te dan cosas –dice Ditto–. Si piensa que eres pobre, no te da nada».

Beth Ditto se desliza en calcetines a través del pasillo de espejos. Una palabra acerca de su rostro: es hermoso y extraño de una manera que parece de otro mundo. Es pálida como las doncellas de los cuentos de hadas y se ha deshecho de sus cejas, lo que hace que quieras quedarte mirando y mirando su cara, preguntándote qué carajo tiene. No tener cejas hace que una persona parezca un alienígena o un travesti o una muñeca, y Beth se parece un poco a todas estas cosas. Luego están sus ojos, que son de un tono azul frágil y siniestro. Es preciosa, con algo que no puedes determinar.

La conversación llega al tema de los bailes de graduación. A Beth Ditto le encantaron los suyos. Fue tanto al de penúltimo como al de último año y su tía le hizo ambos vestidos. «¡Estaba toda elegante! Me encanta ponerme elegante», suspira. Tara Perkins dice que a ella la atraparon haciendo entrar a su novio a escondidas en casa una semana antes de su baile de penúltimo año, fue prohibida de ir y obligada a devolver el vestido. Para cuando llegó el último año, ella era demasiado punk para intentarlo de nuevo. «Me gustaría ser demasiado punk», dice Beth Ditto tristemente.

Después del desayuno continúa el paseo en calcetines por el Westin. «¡Somos punk!», grita Ditto, meneando sus pies. Hace referencia a su amiga, la gacetera de Portland Nicole J. Georges, quien considera lo punk como una trampilla que te deja escapar de cualquier violación de la buena conducta o los buenos modales. «¡Somos punk!», explica Ditto a los desconocidos mientras abordamos el elevador y volvemos a nuestros cuartos para una siesta antes del desfile de Nina Ricci esa noche.

***

El desfile de Nina Ricci se despliega frente a nuestros ojos en un enorme y oscuro hangar. «Esa es Anna Wintour justo al frente de nosotras», me susurra Tara Perkins. Nuestros asientos no podrían ser peores, ni siquiera son asientos, porque se nos hizo tarde debido a nuestro deseo de que nuestro cabello y maquillaje fuera hecho por Beth Ditto, quien amenaza a menudo con tirar a la basura esta vida de rock para seguir una carrera en una escuela de belleza. Todos los desfiles que veremos esta semana están mostrando avances de ropa para la temporada Otoño-Invierno 2009-10. La ropa que vemos de Nina Ricci es loquísima. Vestidos ceñidos estilo AEON FLUX/ciencia ficción/gótico de tira cómica, y ajustadas faldas hasta el suelo con volantes gordos y locos en la entrepierna. Las modelos altas al extremo son vueltas más altas todavía con zapatos de plataforma sin taco de una altura casi fetichista. No entiendo como no se desbarrancan. Son tan hermosas que parece enfermizo. Los vestidos tienen colas negras tan etéreas como las sombras. Luego, las luces se apagan. La música electrónica cambia a unos tambores tristes y enojados y tribales. Es The Cure, con el tema PORNOGRAPHY. Se me pone la piel de gallina. Dios mío, estoy llorando en un desfile de modas. Vuelven las luces y a las modelos las regresan en un río de ricos destellos. El diseñador de Nina Ricci, Olivier Theyskens, sale para su reverencia pero apenas alcanzo a verlo. Es su colección final: los dueños habían querido despedirlo desde hace algún tiempo.


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